
viernes, 16 de enero de 2015
miércoles, 31 de diciembre de 2014
Cuento

El suicidio del señor Pacheco
Había notado que para él su existencia carecía totalmente de sentido. Nadie dependía de sus magros ingresos ni escuchaba los consejos emanados de su extensa experiencia, los hijos se habían llevado a los nietos al extranjero, su señora se le había adelantado en el viaje final y los achaques de la vejez lo estaban teniendo a mal traer. Sumando todas esas simples y mundanas razones había decidido quitarse la vida a sabiendas que difícilmente a alguien le importaría un comino.
El problema era cómo hacerlo.
Octavio nunca había tenido armas, ni de caza ni de bolsillo. Le habían dicho que a las mismas las carga el Diablo y las descargan los boludos, así que prefirió mantenerse lejos de semejantes bipolaridades del susodicho poder demoníaco. Su padre lo había preparado de pequeño para sentir ese rechazo. Aún cuando apenas utilizando todas sus fuerzas podía activar el gatillo, su progenitor le había entregado un revólver descargado y desafiado a disparar cuanto quisiera. Ese simple acto de infructuoso esfuerzo le quitó toda el aura mágica que le habían inculcado en las series de cowboys o de guerreros de la Segunda Guerra Mundial. Ni siquiera le quedaron ganas de contar con armas de aire comprimido, o gomeras que mataran a pequeños animalitos.
Era la aplicación práctica del poder psicológico de toda frustración inicial.
Era la aplicación práctica del poder psicológico de toda frustración inicial.
Ahora que pensaba necesitarlas no tenía ni el dinero ni el apto médico que le permitiera acceder a ellas de manera legal. Ni siquiera quería pensar en comprarlas en el mercado negro, no fuera que después de muerto lo acusaran de algún delito y no pudiera asistir a defenderse en su propio juicio.
Pensó que en su defecto las pastillas podían llegar a ser una buena alternativa. Una sobredosis de tranquilizantes y una bolsa de polietileno del mercadito chino de la vuelta en la cabeza, lograrían que el profundo sueño inducido por los medicamentos se convirtiera en algo más permanente aromatizado por efluvios provenientes del sector de lácteos y embutidos.
Conseguir los tranquilizantes sin receta ya sería otro problema y considerando la falta de sueño que lo perseguía desde que había quedado con media cama vacía, el médico seguramente se los recetaría sin ningún miramiento, aunque ese método tampoco le resultaba potencialmente efectivo, e irónicamente, le dejaba una clara sensación de intranquilidad.
Conseguir los tranquilizantes sin receta ya sería otro problema y considerando la falta de sueño que lo perseguía desde que había quedado con media cama vacía, el médico seguramente se los recetaría sin ningún miramiento, aunque ese método tampoco le resultaba potencialmente efectivo, e irónicamente, le dejaba una clara sensación de intranquilidad.
Evaluando otras alternativas recordó que cuando joven había visto a un paciente fugado de un hospital neuropsiquiátrico colocar su cuello sobre uno de los rieles del más lento tren de carga que había encontrado, justo a tiempo como para que su cabeza se separara limpiamente del resto de su anatomía sin llegar a ir muy lejos. Si bien lo había logrado con total éxito, a Octavio no le había gustado que el cuerpo permaneciera más de veinte horas al calor de la tarde como espectáculo público y a la espera que el juez de turno actuara liberando para el paso de ulteriores formaciones esa zona definida como territorio federal. Todos los chicos del barrio se habían acercado al lugar eludiendo a la policía, con el único fin de destapar por un instante la cabeza separada del resto de su humanidad y observar la expresión final de aquella cara parcialmente desfigurada. La expresión de asombro de quién está observando muy de cerca la nada y descubre que en realidad nada le importa.
Claro que arrojarse desde la terraza de su edificio era otra posibilidad muy barata que también tenía totalmente evaluada.
Ya había observado que dicha experiencia podía ser igualmente traumatizante para niños y adultos, ya que el cuerpo hubiera caído sobre algún auto, transeúnte o no, permanecería a la vista de todos con su anatomía groseramente adulterada a la espera de que alguien descubriera el motivo de la decisión tan precipitada de precipitarse precipitadamente al vacío. Los vecinos hablarían de que su hijo lo había abandonado, que no le alcanzaba la plata o de que no quería molestar más a los demás y daba la vida por terminada.
Y a Octavio no le gustaban los chismes para nada.
Por una razón similar desestimó la posibilidad de colgarse en su propia casa. Había escuchado que ahora era el método de suicidio más tergiversado. Escuchó que los jóvenes practican el ahorcamiento como un potenciador de la autosatisfacción sexual y en muchas ocasiones se les va la mano y terminan muriendo. No fuera cosa que le encontraran alguna de sus viejas pastillas de Viagra ocultas en el segundo cajón del aparador.
Por lo tanto lo mejor que se le ocurría era irse a un descampado relativamente lejano y colgarse de algún árbol medianamente escalable para alguien de su edad, porque tirarse con una soga al cuello desde cualquier otro sitio razonablemente alto podría culminar con una exposición pública que él preferiría haber evitado.
O sea que lo único que le quedaba era colgarse de algún bonsai.
O sea que lo único que le quedaba era colgarse de algún bonsai.
Claro que la efectividad del método lo tenía seriamente preocupado. ¿Se ahogaría lentamente o se arrojaría desde una mediana altura para así quebrarse el cuello ? Lo estaba meditando hacía mucho rato y aquello que lo detenía era que mediante el primer método había posibilidad de arrepentimiento mientras que con la segunda no y no sabía si era mejor que esa posibilidad existiera o todo fuera inevitable.
Él era lo que se llama un suicida teórico muy estructurado.
El envenenamiento estaba totalmente fuera de discusión. Si bien había escuchado más de una vez que las esposas resentidas agregaban pequeñas dosis de veneno en la comida de sus maridos sin que ellos se dieran cuenta hasta lograr su internación y posterior fallecimiento, le parecía que el método era más eficiente si era administrado por otra persona. Le resultaba apropiado para un asesinato pero no para su propio suicidio. Además sabía que era una muerte sumamente dolorosa, se lo había leído en los ojos a una rata hacía muchos años y el dolor no estaba en su larga lista de prioridades.
Había pensado también en irse nadando hacia el ocaso cual una poetisa argentina sin depilar, pero como no sabía nadar era posible que fuera mal interpretado y alguien calificara una decisión tan meditada y cerebral como un mero accidente.
Había pensado también en irse nadando hacia el ocaso cual una poetisa argentina sin depilar, pero como no sabía nadar era posible que fuera mal interpretado y alguien calificara una decisión tan meditada y cerebral como un mero accidente.
Pero no todo estaba perdido, en sus febriles horas de insomnio Octavio diseñó un sistema sumamente complicado pero a la vez sencillo. Había imaginado contar con un arma, muchos metros de soga, una terraza y litros y litros de algún combustible de alto octanaje, preferiblemente libre de plomo para no contaminar.
Subiría a su terraza, porque tenía llave, ataría la soga en la más fuerte de las cañerías allí instaladas, se bañaría en combustible de pies a cabeza sin salpicar la ropa colgada, ataría el nudo de ahorcado alrededor de su garganta y se pararía en la cornisa del contrafrente del edificio para mayor privacidad. Con el arma en la mano juntaría coraje y se dispararía en la boca asegurando el ángulo necesario para que la bala le atravesara los pensamientos. Octavio esperaba que la misma explosión de la pólvora iniciara la ignición del combustible, asegurando un segundo método por si le fallaba el pulso o su cerebro esquivaba la bala. Como consecuencia de ambos efectos, el disparo y el fuego, perdería el equilibrio cosa que inevitablemente lo llevaría hacia donde se encontraba todo el peso de la cuerda atada a su cuello. Por las dudas había pensado ayudar un poco al trámite inclinándose hacia el vacío antes de disparar el arma.
En la caída no podría mirar lo que ocurría en las ventanas de cada piso, pero había calculado que el final de la soga coincidiera con una pared donde no hubiera ventanas desde donde grandes y chicos pudieran observar su humanidad calcinada. Porque no hay que olvidar que Octavio había supuesto que se mantendría un buen rato encendido en llamas.
Al finalizar el recorrido de la cuerda el golpe seco de la llegada separaría sus vertebras hasta destruir su médula espinal, cosa que aseguraría por tercera vez su muerte. No contento con ésto el nudo del ahorcado le quitaría cualquier posibilidad de conseguir un poco de aire.
Mientras tanto la soga seguiría siendo consumida por el fuego un rato más, pues Octavio tenía previsto que más tarde la soga se cortara completando la caída de los pisos restantes, corrigiendo así cualquier fallo que los procesos anteriores hubieran podido llegar a tener.
No hay que olvidar que Octavio estaba decidido a suicidarse porque nadie se acordaba de él, porque llegaban las Fiestas y se encontraba solo, porque los hijos se habían ido lejos llevándose a los nietos con los que jamás volvería a jugar .
Su planificación excesiva y dudas se fundaban en que para él el fracaso no era una opción aceptable. Nada le resultaba más vergonzoso que un suicida sin éxito. Alguien que quiere matarse por una vida de fracasos, pero que no logra el objetivo por más que le ponga empeño.
Él tenía la soga, tenía la terraza, tenía el combustible (sin plomo) y un encendedor de cocina de color rosa en lugar del arma.
Haría que todo fuera posible.
Dentro de su apartamento el teléfono sonó y sonó. Era su hijo que quería avisarle de un pasaje a su nombre que debía retirar de una agencia de turismo local. Quería darle la sorpresa de que ya contaba con un apartamento reservado para él allá, en aquél lejano país donde se encontraban. Avisarle que no se preocupara por nada, que la vivienda estaba cerca de la casa y que los nietos lo esperaban con ansias.
Octavio lo dejó sonar un rato largo antes de atender.
Era Navidad y estaba pensando que quería suicidarse porque nadie lo llamaba.
OPin - 25-12-2014
Pintura de Zdzisław Beksinski
Publicado por
OPin
OPin - 25-12-2014
Pintura de Zdzisław Beksinski

domingo, 28 de diciembre de 2014
martes, 16 de diciembre de 2014
Cuento
Malena es una dulce.
Publicado por OPin

Hormiga metálica
Malena es una dulce.
Un bombón de chocolate relleno de dulce de leche. Un alma tierna en un envase que da para el malentendido. Porque Malena es una de esas chicas que tienen mucho de atrás y otro tanto de adelante, es decir un culo tremendo y unas tetas colosales. Claro, suelen ser indicios mal interpretados para alegría de Malena, que disfruta del placer como cualquiera. Pero le insisto, ella sigue siendo un almita pura sin necesidad de ir a ninguna iglesia. Sin maldad, si usted me entiende.
Por lo tanto, cuando se compró el autito nuevo no se le ocurrió mejor idea que publicarlo en la red social de la manito con el pulgar arriba. Era simple alegría de haber alcanzado un objetivo que le producía felicidad. Casi dos años pagando la cuota y licitando sin éxito la habían llevado a la adjudicación del auto una vez que lo había pagado por completo. Pero qué feliz que estaba ! Lo primero que hizo fue sacarle una foto a su carroza amarilla, si, amarilla para no pasar desapercibida y para atraer a la buena suerte y la subió a la Red con un texto que decía:
-Autito nuevo !!! Hoy estoy re-re-feliz :) -
De los trescientos veinticuatro amigos de su lista, cinco le marcaron un "Me gusta" , cuatro la felicitaron con un "Que lindoooo, me alegro por vos queridaaaa" mientras que su cuñada Rosa fue la única que le escribió algunas líneas un poco más elaboradas.
-Que suerte Malena - le puso - Era hora nena. Nosotros nos compramos el BMW de este año. Claro tuvimos que vender el Audi, pero nos quedamos con la Cayenne. Qué te compraste querida? En la foto no se ve muy bien. Es un Porsche Boxter?-
Malena, con toda su inocencia de adulta contestó con un "Me gusta" y trató de recordar de que marca era su modelo QQ recién rodado.
Ella nunca le preguntaba nada a nadie que no quisiera ser interrogado. No le gustaba esa mecánica de chismoso aburrido que primero ostenta y luego pregunta para menospreciar al otro. Prefería invertir ese tiempo en disfrutar su propia vida.
Claro que le gusta contarle a quien le preste oídos sobre la emoción que había experimentado al entrar en su primer auto 0km. Del olorcito a nuevo que lo invadía todo. De hacer los primeros metros para salir de la concesionaria con el temor del que no conoce los comandos, el recorrido del embrague o del freno de su impecable hormiga metálica. Esa hormiga que en medio del embotellamiento de media tarde avanzó por el sendero apretujada entre tantas otras obreras a paso de hombre hasta llegar a la estación de servicio más próxima porque, aunque haya pagado millones, la concesionaria siempre entrega los rodados con tan sólo cinco litros en sus tanques de nafta.
Pequeñas aventuras que Malena también quisiera compartir con alguien más, preferiblemente alguien que no intente declarar su superioridad valorizando sus logros en una balanza arreglada.
Malena no era muy "tuerca" que digamos. Había aprendido a estacionar de oído, es decir avanzando marcha atrás hasta escuchar el sonido de vidrios rotos. Pero esa técnica ya era parte de su pasado. Su QQ vino provisto de un aparatito que emite un bip-bip que según lo rápido que suena le avisa que ya está por romper los faros de otro vehículo, o todavía falta un poquito más.
Lamentablemente adelante no cuenta con el mismo dispositivo y más de una vez ha empujado a cuanto auto se encontrara detenido en un alto mientras ella se maquillaba por la mañana. No es fácil delinearse los ojos sin que el vehículo se le vaya un poquito para adelante. Por lo general una sonrisa y una disculpa bastaban para cerrar el tema hasta el próximo semáforo.
Pero no entienda mal, Malena es una conductora responsable. Nunca habla por teléfono mientras maneja. Cuando le suena el móvil, toma una de dos decisiones, o no atiende o se detiene a hablar inmediatamente. No importa si es una calle poco transitada o la vía rápida de una autopista, ella pone las luces intermitentes y detiene el auto donde sea para así poder hablar con toda tranquilidad.
Cuando estrenó su registro contaba con un Fiat Uno con más de veinte años de mecánica averiada. Su problema por entonces eran los cambios... de todo tipo. Ponía primera marcha y seguía así hasta el destino. Nada de embrague, nada de cambios. Incluso pensó en comprar uno con caja automática, pero por suerte entendió que los Fiat Uno no la traen de fábrica. Luego se resistió a los cambios de carril. Subía a una autopista o ingresaba a una avenida de múltiples vías para quedarse por siempre en la misma por la que había entrado. Nada de guiño y cambio de sector. La espalda separada cinco centímetros del respaldo, los ojos fijos en el camino y ambas manos aferradas con las uñas al volante del pequeño vehículo. Y siempre siguiendo la misma huella sin importar que un camión doble acoplado se le pegara detrás con las luces altas y la bocina tronando, ella no cedería un tranco de mosca hasta tanto no llegase a destino.
Por entonces conducir se le había hecho una actividad un tanto estresante. Pero ahora no, ahora la disfrutaba un poco más. Había aprendido a manejar con taco aguja, a mirar por los espejos sin necesidad de maquillarse, a retraer el respaldo para que sus tetas no se vieran presionadas por el volante y a acomodar su hermoso culo en un asiento que respetara sus voluptuosas formas.
Su nuevo autito estaba hecho para ella. Era una hormiga culona argenta con el pelo teñido de amarillo, los ojos siempre asombrados y una sonrisa permanente en los labios, a la que ya sabía que sólo había que revisarle el aceite, el agua, el líquido de freno, el de la dirección hidráulica y la presión de aire de los neumáticos. Lo que se dice, una chica de bajo mantenimiento. Y todo ello lo hacía en la estación de servicio cuando llenaba el pequeño tanque y les regalaba a los empleados una sonrisa deslumbrante. Había notado que si vestía su musculosa turquesa y las calzas negras, el servicio, si bien se demoraba más, era mucho más completo que cuando iba simplemente enfundada en sus jeans y remera holgada.
Sentía que se aproximaba la hora de cumplir su sueño de recorrer todo el país de norte a sur con un autito nuevo. Era la oportunidad de hacerlo con la tranquilidad de que todo funciona bien y no ocurrirán averías inesperadas. Iría hasta La Pampa, de allí a Neuquén por la ruta del desierto, los Siete Lagos, San Martín de los Andes, Bariloche, El Bolsón, Lago Argentino, Ushuaia y vuelta a subir por la costa. Ya no le gustaba mucho la idea de hacerlo todo junto, pero después iría a Córdoba, Mendoza y San Luis. Más al norte no, porque no soporta tanto calor.
Sin embargo por ahora tenía que soñar con usarlo en vacaciones acordes a los cinco días que le correspondían en el trabajo. Eso sin considerar que el esfuerzo de pagar todos los impuestos del auto más el garaje que se merece y el seguro que le obligan a tener, le dejan poco margen para el gasto. Era posible incluso que necesitara tomar algún trabajo adicional para poder mantener su soñado rodado.
En eso andaba pensando cuando notó que la dirección tiraba para un lado, se ponía dura y el auto parecía mover la trompa en un sube y baja interminable. Había pinchado un neumático delantero. Lo supo incluso antes de bajarse y verlo. Lo que sí la sorprendió fue el percatarse de que no sabía dónde estaba el cricket, la llave cruz y todas esas cosas que usaba su papá en esos imprevistos momentos. Lejos de sentir que no podría hacerlo Malena siguió las indicaciones aprendidas desde chica. Sacó el triángulo de alerta y lo colocó varios metros atrás, aún cuando estaba contra el cordón y bastante bien estacionada. En la maniobra descubrió una gaveta oculta donde se encontraba el cricket y la llave cruz que era más parecida a una jota que a una equis. Entusiasmada con el descubrimiento se dispuso a sacar la rueda. Colocó la llave en cada bulón y con una patadita sin taco aguja los aflojó uno por uno con natural alegría. Una vez completado el juego de cuatro se dispuso a colocar el gato en la ranura correspondiente y comenzar a girar la manivela.
Sabía que debía recordar algo del seguro. Algo que el agente le había comentado a la hora de contratarlo.
Levantó el autito y con mucho esfuerzo retiró la rueda de su lugar. El problema era que no sabía dónde se encontraba la de auxilio.
Sabía que debía recordar algo del seguro. Algo que el agente le había comentado a la hora de contratarlo.
Levantó el autito y con mucho esfuerzo retiró la rueda de su lugar. El problema era que no sabía dónde se encontraba la de auxilio.
Tomó un poco de aire. Observó sus manos de manicuría totalmente destruidas en el esfuerzo y se abocó a buscar el manual del vehículo para descubrir a la huidiza cubierta de recambio.
Allí estaba absorta en su apurada lectura cuando sintió que alguien le golpeaba la ventanilla.
Si bien la zona no era como para preocuparse se sintió sobresaltada al extremo de tener palpitaciones. Pero del otro lado de la ventanilla se encontraba un muchacho casi de su edad, bien arreglado y con una sonrisa capaz de alegrarle el día a cualquiera.
Si bien la zona no era como para preocuparse se sintió sobresaltada al extremo de tener palpitaciones. Pero del otro lado de la ventanilla se encontraba un muchacho casi de su edad, bien arreglado y con una sonrisa capaz de alegrarle el día a cualquiera.
-No te asustes - dijo retirándose un poco y mostrando sus palmas vacías- quería saber si te puedo ayudar en algo. Parece que lo tuyo no es la mecánica, no?
Malena sonrió relajada. Seguramente el haber luchado con la rueda mostrando su culo monumental enfundado en calzas había disparado un automático llamado a la solidaridad.
-Me podrás ayudar ? No puedo encontrar la rueda de auxilio - dijo Malena con una sonrisa provocadora y leve mohín de su cabeza-
-No hay problema. Yo de esto sé bastante. - se pavoneó él - Fijate que este modelo es de 1083 cm3 y tiene cerca de 64 cv. Motor delantero de cuatro cilindros, máxima de 140 y un consumo de 4,4 litros cada 100km. Una belleza de autito dentro de los de su rango. Claro, yo no me compraría uno, son para minas, jeje... disculpame, para chicas quise decir...
Pero Malena sólo quería saber dónde se encontraba la rueda .
-¿Y el auxilio?
-Ah, si, abajo de la alfombra del baúl supongo. Abajo no tiene jaula. Debe ser de un rodado más fino, porque hay poco espacio...pero te alcanza como para llegar hasta una gomería...para usar en la ruta no...
-¿Me ayudás?
-Claro, como no...Fijate, ves? acá está...
-Genio !!! Hay, que suerte que te encontré. O me encontraste...
-Cierto, no? Es como el destino...
-Si...
-En serio. Una suerte...
-Justo que necesitaba a alguien con fuerza, llegaste vos...
-Si, se te veía muy complicada con este tema...
- Y...si...No es para chicas, o minas como decís vos, esto de cambiar las ruedas. Mirame cómo me quedaron las manos...
-Huy, que feo. No , perdoná. Que pena ! Querés lavarte? Acá hay una confitería muy linda. Te puedo invitar a tomar algo, digo...si no tenés problema...No vayas a pensar que te quiero levantar, es una cuestión de solidaridad -sonrió- cómo te voy a dejar acá sola ¿no?...
-....-
-No, está bien. Te entiendo. Dejá... Que boludo.
-No. Es que pensé que me ayudarías a cambiar la rueda...
-¿Que la cambie yo?...¿No tenés seguro?
-Si, ¿y?...
-Que si llamás al seguro te mandan el camioncito del gomero y te la arregla acá mismo.
-Mierda! ¡Qué boluda que soy! - explotó Malena dando una patadita en el piso -Yo sabía que algo me habían dicho...
-Por eso. Para qué me voy a ensuciar esta ropita tan linda y limpia que me puse hoy para conquistarte si podemos llamar al especialista y mientras lo esperamos nos tomamos algo calentito acompañado de alguna cosa rica en aquella confitería...
Él remarcó cada palabra para hacerle saber que no era ni lerdo ni estúpido. Que lo único que quería era retenerla un poquito más. Tener la chance de conquistarla con cualquier cosa que sirviera. Quería que entendiera que además de su espectacular culo y colosales tetas, lo que más le había llamado la atención era esa voluntad de hacer aquello que uno no esperaba de ella. De ensuciarse las manos sin depender de la ayuda de nadie. De ser una verdadera mujer independiente dueña y señora de su propio autito.
Él no sabía aún que Malena además es una dulce. Un bombón de chocolate relleno de dulce de leche.
Aunque ella sí sabía desde un principio que su hormiguita metálica, de una forma o de otra, le iba a traer buena suerte.
OPin 2014
Publicado por OPin

miércoles, 10 de diciembre de 2014
jueves, 27 de noviembre de 2014
Cuento
Publicado por OPin

Mambo y los gorriones
La vida suele estar tapizada de tramperas para pajaritos.
El hombre de ventas elabora sus mentiras con la esperanza de que su colega de servicios técnicos encuentre las soluciones a los problemas que él ha creado para lograr el negocio. Sabe que el otro es experto en encontrar soluciones tangibles y así generar la confianza en sus actos y se aprovecha para atraparlo en esa debilidad o fortaleza.
El político y el obrero, el director de hospital y el médico, los generadores de problemas en oposición a los que quieren solucionarlos.
La dualidad de la vida personificada en sus más simples actores.
Tal vez por eso el director del hospital no estaba en aquella terraza mirando desde un décimo piso el estacionamiento plagado de autos y Matías si.
-Es un mambo amigo, un mambo...-parecía susurrar la figura de pijama a rayas parada sobre la cornisa- Ella me dijo que podía y no, no puedo amigo. No puedo. Me pican los sesos.
Matías lo escuchaba a unos seguros tres metros de distancia sobre la terraza. Apenas percibía lo que el hombre le decía, pero interpretaba que como en el tango de Discépolo, el problema radicaba en la certeza de que "ni el tiro del final te va a salir".
El pobre hombre no le era desconocido, desde hacía cerca de seis meses mantenían una relación enfermero-paciente y nunca había demostrado una mejora en su condición mental.
Lo habían bautizado "Mambo" por que parecía que era lo que tenía permanentemente en la cabeza.
Mambo en realidad se llamaba Gresak de apellido y según los registros del hospital su nombre podía ser Alfredo o Gastón, nadie estaba seguro.
Desde que había llegado para ser tratado por un problema gastrointestinal se habían tomado todas las precauciones indicadas por el hospital neuropsiquiátrico que lo había derivado, pero nadie había previsto ésto.
El pobre hombre no le era desconocido, desde hacía cerca de seis meses mantenían una relación enfermero-paciente y nunca había demostrado una mejora en su condición mental.
Lo habían bautizado "Mambo" por que parecía que era lo que tenía permanentemente en la cabeza.
Mambo en realidad se llamaba Gresak de apellido y según los registros del hospital su nombre podía ser Alfredo o Gastón, nadie estaba seguro.
Desde que había llegado para ser tratado por un problema gastrointestinal se habían tomado todas las precauciones indicadas por el hospital neuropsiquiátrico que lo había derivado, pero nadie había previsto ésto.
Para todos era un paciente modelo que se deleitaba con la observación de los gorriones. Ellos eran su verdadera pasión y tenía cierto convencimiento de que uno de ellos sería el mensajero que le comunicaría la respuesta a todas sus preguntas liberándolo de ese ciclo sin fin en que se había convertido su mente.
-Ella me dijo que podía hablar con el Barba, que él me daría un momento y hablaría conmigo. Me dijo que en un gorrión, no un hornero, ni un venteveo, un gorrión amigo, un gorrión con la respuesta al verde pensar que tengo y no puedo pasar amigo. Yo le dije que me canso mucho, le dije amigo que tengo un click en el bolsillo y uno con lamparitas en la cabeza, que viene y va de rojo al azul. Con el azul amigo, con el azul me tildo como un flipper, pero con el verde, no, con el rojo, me pongo posta re blando y me callo amigo, me da por dormir y tengo los sueños en que viene el gorrión y me dice amigo, me dice que todo va a salir bien si tengo el click en el bolsillo...-
Matias no sabia si debía interrumpirlo o no, en realidad no tenía especial entrenamiento en el trato con enfermos mentales y como siempre hacía lo que podía o lo que la lógica le indicaba. Se acercó a tan solo un metro o dos para poder oírlo, mientras el resto del personal parecía adherido a todos y cada uno de sus móviles llamando a cuanto servicio de emergencias podían localizar.
-Del cuartel dicen que tardan veinte minutos Mati. ¿Podés entretenerlo?
-Y...trato..., no sé...
-Del cuartel dicen que tardan veinte minutos Mati. ¿Podés entretenerlo?
-Y...trato..., no sé...
El fútbol siempre había sido un nexo que era de utilidad entre enfermeros y pacientes de todo tipo, pero Mambo Gresak no era aficionado a ningún deporte.
-Mambo, ¿por qué no me contás mejor qué es lo que te molesta hoy? decime, la Tota te volvió a molestar?
Parecía que Mambo no escuchaba, pero simplemente no estaba interesado en lo que los demás querían saber esa mañana sobre él.
-La Tota? no, el boludo ese no amigo, el click me vuelve loco y ya no veo los colores para saber si tengo que hacerlo o no. No me para el bocho , sabés? no para y eso me jode. Tengo que apagarme como pueda ni rojo ni azul amigo, no hay nada que me pare, ni las pastillas.-
Matías sabía que el hospital ya no contaba con los suministros necesarios para ese tipo de tratamiento y que estaban usando medicamentos genéricos fabricados en firmas del ministro de salud. Casi ninguno tenía efecto, pero las remesas de dinero desaparecían como agua entre los dedos y las pastillas que Mambo había traído desde el loquero ya se habían terminado.
-Me dicen que un gorrión estuvo preguntando por vos en la sala. Decía que tenía un mensaje privado y que sólo te lo podía contar a vos...- intentó Matías.
Mambo, giró la cabeza con curiosidad y le preguntó secamente.
-¿Qué rango tenía el gorrión?-
-¿Cómo qué rango?- respondió Matías.
-Si, la mancha del pecho de los gorriones te dan el rango. El capitán tiene dos rayas en el pecho de color oscuro, no el general, eso; el general, los sargentos una sola y los soldados nada, son muy chiquitos para pelear. Tiene que ser un capitán general amigo, sino el Barba no me manda mensajes con soldados, Así que , ¿qué era?, mirá que si me mentís voy a saberlo porque si no era capitán seguro es mentira...
-Capitán era, con dos rayas en el pecho...-
-General, ah, entonces es verdad- susurró mientras procesaba la idea.- Son lindos bichos, pero un poco mandones...-
-Mambo, tenés que venir conmigo a hablar con el mensajero, dále, dame la mano que te ayudo y nos vamos para la sala donde te está esperando.-
Las palabras como siempre suelen ser las peores herramientas para convencer a los humanos y Mambo despertó de su letargo momentáneo.
-No, tengo que hacerlo. Seguro que te confundiste vos y no es un gorrión autorizado. El click, amigo, el click que pasa de rojo a azul y yo le hago caso a ella. Decile al gorrión ése que venga a hablar conmigo acá si se anima, que yo lo espero. Mirá, ¿no será ese? si para mí que es ese...
Las quince personas que estaban detrás de Matías esperaban que el enfermero pudiera convencer a Mambo de alejarse de esa cornisa. Comenzaron a hacerle sugerencias, a alentarlo para que tome la iniciativa y con una muestra de su arrojo y valentía salve esa vida que se quiere escapar por el vacío.
Dos o tres de los residentes de primer año ya estaban grabando en su móviles el acto de arrojo y con sus palabras intentaban hacer que Matias resolviera el conflicto antes que la batería o la memoria del celular llegaran a su fin.
-Che Matías dejáte de chamuyartelo que parece que te lo querés levantar para llevarlo al telo...- le decían entre risotadas.
Otros dos comentaban:
-No será el alienígena de K-Pax ?
-No boludo, es el de "Hombre Mirando al Sudeste"
-Pero ese no tenía gorriones...
-No pelotudo, prestá atención, los gorriones eran de otro interno, no del alienígena ...
-Tenés razón, es el de K-Pax...pero no el principal, ese de anteojos de sol, el otro, el actor secundario que se quedaba en la ventana con la vista perdida...
-Ése...si,ése...¿no te decía yo?
-Che Matías dejáte de chamuyartelo que parece que te lo querés levantar para llevarlo al telo...- le decían entre risotadas.
Otros dos comentaban:
-No será el alienígena de K-Pax ?
-No boludo, es el de "Hombre Mirando al Sudeste"
-Pero ese no tenía gorriones...
-No pelotudo, prestá atención, los gorriones eran de otro interno, no del alienígena ...
-Tenés razón, es el de K-Pax...pero no el principal, ese de anteojos de sol, el otro, el actor secundario que se quedaba en la ventana con la vista perdida...
-Ése...si,ése...¿no te decía yo?
Matías pensó que si conseguía tomarlo de la mano lograría atraerlo hacia la terraza.
-Mambo, ese no es, vení, dame la mano que te llevo a la sala, Allá está el gorrión con el mensaje y vas a ver que te soluciona el tema del click y el rojo y el azul, todo junto.
Mambo extendió su mano casi inmediatamente y con una mirada que parecía decir "estaba esperando que me dijeras eso" tomó la mano de Matías ante el asombro de sus camaradas que ya soñaban con subir el video a YouTube o mandarlo al canal de noticias.
-Ella me dijo que podía amigo, que lo iba a lograr cuando alguien tratara de ayudarme, que haría el click y todo pasaría de azul a rojo amigo.
Y previsiblemente se arrojó al vacío.
Matías había sobrevalorado sus propias fuerzas. Pensó que podría sostener un peso muerto de ochenta kilos simplemente echándose hacia atrás y trabando la pierna derecha contra el borde de la cornisa. Que tal vez sus amigos dejarían a un lado sus celulares y le darían una mano.
Se equivocó en todo.
La angustia del descubrimiento de ese error de cálculo le tomó el pecho por asalto oprimiéndolo con una angustia que nunca había experimentado hasta esa primera y última vez. Un grito sordo delató su arrepentimiento tardío mientras la mano férrea de Mambo se negaba a abandonarlo. Un escalofrío vertiginoso recorrió finalmente su espalda.
Matías había sobrevalorado sus propias fuerzas. Pensó que podría sostener un peso muerto de ochenta kilos simplemente echándose hacia atrás y trabando la pierna derecha contra el borde de la cornisa. Que tal vez sus amigos dejarían a un lado sus celulares y le darían una mano.
Se equivocó en todo.
La angustia del descubrimiento de ese error de cálculo le tomó el pecho por asalto oprimiéndolo con una angustia que nunca había experimentado hasta esa primera y última vez. Un grito sordo delató su arrepentimiento tardío mientras la mano férrea de Mambo se negaba a abandonarlo. Un escalofrío vertiginoso recorrió finalmente su espalda.
El pederasta utiliza un chupetín para atrapar al infante. Sabe que la golosina será el cebo irresistible para la pobre criatura.
La niña hecha mujer escota sus voluptuosidades y promete placer eterno al pobre imberbe que prueba el sexo por primera vez. Le pone nombre al niño y saca fecha con el Juez de Paz.
La niña hecha mujer escota sus voluptuosidades y promete placer eterno al pobre imberbe que prueba el sexo por primera vez. Le pone nombre al niño y saca fecha con el Juez de Paz.
El populista entrega dádivas pero nunca trabajo, para así asegurarse el necesario número de pobres que lo vote en las próximas elecciones.
El esquizofrénico mantiene su calma y vulnerabilidad hasta que la presa se acerque lo suficiente e intente salvarlo.
Allí es cuando se dispara el cerrojo de la trampera para atrapar gorriones.
El esquizofrénico mantiene su calma y vulnerabilidad hasta que la presa se acerque lo suficiente e intente salvarlo.
Allí es cuando se dispara el cerrojo de la trampera para atrapar gorriones.
Publicado por OPin

sábado, 22 de noviembre de 2014
lunes, 17 de noviembre de 2014
martes, 4 de noviembre de 2014
Cuento
A él le encantaban las bromas pesadas que veía en su led de 48 pulgadas.
La caja boba parecía hechizarlo con las situaciones más estúpidas y peligrosas. Tanto así que un buen día se le ocurrió la tontera de reventar un envase de papas fritas en algún lugar público. Una inocentada comparada con las cosas que había visto en video y un desafío considerando que casi no había nada en el interior del brillante envase, nada más que una capa de aire protector para las pocas hojuelas que traía.
Supuso acertadamente que algo tan suave como esa bolsa de aire no podría generar ni en el mejor de sus sueños un sonido suficientemente fuerte como para sorprender a alguien y que el desparramo aéreo del contenido seguramente dejaría mucho que desear a nivel espectáculo. Pronto a buscar soluciones en su festiva mente se iluminó la idea de adherir al envase un pequeño petardo con un pedazo de cinta de embalar.
El artilugio chino debería detonar mientras apretaba histriónicamente el envase como si se tratara del cuello de alguna amante que lo hubiera engañado malamente. Lo apretaría y sacudiría con vehemencia hasta que la mecha culminara su recorrido y el envase explotara entre sus manos desencadenando una lluvia de fetas de tubérculo frito y salado.
Le encantaba la idea del sonido amplificado por la pólvora, pero más que nada deseaba observar las expresiones desatadas en el desprevenido público presente. Una GoPro ajustada con una vincha a su frente le permitiría revivir el momento más tarde y subir a YouTube una edición mejorada con música y risas agregadas.
Mientras la lluvia de pequeños pedacitos cayera sobre el piso, su mirada y la de la cámara registrarían las reacciones de aquellos pasajeros que habitaban el subte con rumbo laboral monótono y aburrido. Tal vez hasta le agradecerían la amena distracción en su viaje.

La sorpresa de las papas fritas
A él le encantaban las bromas pesadas que veía en su led de 48 pulgadas.
La caja boba parecía hechizarlo con las situaciones más estúpidas y peligrosas. Tanto así que un buen día se le ocurrió la tontera de reventar un envase de papas fritas en algún lugar público. Una inocentada comparada con las cosas que había visto en video y un desafío considerando que casi no había nada en el interior del brillante envase, nada más que una capa de aire protector para las pocas hojuelas que traía.
Supuso acertadamente que algo tan suave como esa bolsa de aire no podría generar ni en el mejor de sus sueños un sonido suficientemente fuerte como para sorprender a alguien y que el desparramo aéreo del contenido seguramente dejaría mucho que desear a nivel espectáculo. Pronto a buscar soluciones en su festiva mente se iluminó la idea de adherir al envase un pequeño petardo con un pedazo de cinta de embalar.
El artilugio chino debería detonar mientras apretaba histriónicamente el envase como si se tratara del cuello de alguna amante que lo hubiera engañado malamente. Lo apretaría y sacudiría con vehemencia hasta que la mecha culminara su recorrido y el envase explotara entre sus manos desencadenando una lluvia de fetas de tubérculo frito y salado.
Le encantaba la idea del sonido amplificado por la pólvora, pero más que nada deseaba observar las expresiones desatadas en el desprevenido público presente. Una GoPro ajustada con una vincha a su frente le permitiría revivir el momento más tarde y subir a YouTube una edición mejorada con música y risas agregadas.
Mientras la lluvia de pequeños pedacitos cayera sobre el piso, su mirada y la de la cámara registrarían las reacciones de aquellos pasajeros que habitaban el subte con rumbo laboral monótono y aburrido. Tal vez hasta le agradecerían la amena distracción en su viaje.
Una mañana logró detonar la bolsa.
Alcanzó a notar de inmediato que la joven rubia de trenzas elaboradas al mejor estilo bávaro sentada a su derecha apenas levantó una ceja y acompañó con una mueca de su labio superior el sonido que apagadamente se filtró en los auriculares que repetían el añejo "Bis zum bitteren ende" de Die toten Hosen. Un resultado de sólo una centésima de segundo de atención mal dispensada.
Alcanzó a notar de inmediato que la joven rubia de trenzas elaboradas al mejor estilo bávaro sentada a su derecha apenas levantó una ceja y acompañó con una mueca de su labio superior el sonido que apagadamente se filtró en los auriculares que repetían el añejo "Bis zum bitteren ende" de Die toten Hosen. Un resultado de sólo una centésima de segundo de atención mal dispensada.
Compartiendo ese mismo instante, el pequeño hombre de brillante calva y bigotes compensatorios de inmensas proporciones sentado a su derecha, levantó la vista de su diario tan solo para observar el recorrido de los chips mientras meneaba su cabeza de lado a lado con un gesto de cansado aburrimiento y algo de pena por el producto alimenticio desperdiciado.
Frente a él una nena propietaria indiscutible de una mochila Hello Kitty apretaba la mano de su mamá mientras detenía su reiterado pedido de juguetes y golosinas, para caer en profundo silencio de puchero sin control que comenzaba a temblar en su boca como aviso de las lágrimas por llegar.
La mujer gorda que dormitaba sobre el hombro de su desconocido vecino de traje y corbata políticamente correctos, levanto la cabeza un palmo mientras un hilo de baba la mantenía conectada elásticamente mediante un puente viscoso entre sus labios y la hombrera de aquel barato traje de mezclilla. Pareció oler la pólvora que aún no inundaba el ambiente y volvió a posarse sobre su puente de baba.
La mujer gorda que dormitaba sobre el hombro de su desconocido vecino de traje y corbata políticamente correctos, levanto la cabeza un palmo mientras un hilo de baba la mantenía conectada elásticamente mediante un puente viscoso entre sus labios y la hombrera de aquel barato traje de mezclilla. Pareció oler la pólvora que aún no inundaba el ambiente y volvió a posarse sobre su puente de baba.
Con reflejos impecables el muchacho sentado junto a la puerta automática en la mitad del vagón lo miró con odio reprimido por haberlo distraído de sus pensamientos matinales y sus labios dibujaron el inicio de un insulto que se podía adivinar involucraba a su santa madre o el tamaño de sus testículos. Era muy pronto para asegurarlo.
El buscavidas que pasaba vendiendo dos cajas de chicles por el precio de una, aprovechó la oportunidad para tirarse un pedo que tenía guardado y listo para aprovechar la mejor situación que se presentara de pasar desapercibido. Nadie se enteraría de tal cosa hasta más tarde, cuando las partículas oloríferas de su tracto digestivo impregnaran los átomos de oxígeno tan escasos en el vagón y que de seguro serían aspirados ávidamente para terminar como una desagradable sorpresa.
El que cacaree primero puso el huevo.
La chica del segundo asiento de la derecha apuntó sus cuernos subcutáneos de teflon hacia el terrorista de las papas voladoras mientras resoplaba a través de su argolla nasal cual vacuno con ansias de venganza taurina. En su cuello los tatuajes de un dragón trenzado en pelea con un pez koi parecieron detenerse en su infinito pleito de colores para mirarlo fijo con intenciones de hacerle pagar el exabrupto innecesario.
Mientras tanto la mujer del extremo de la línea de asientos frente a él, justo antes de la puerta automática del sector posterior, abrió sus hermosos ojos negros y movió la comisura izquierda de su boca en un rictus que iniciaba el movimiento de los quince músculos necesarios para una sonrisa. Sus dientes lejanos a una maravilla, tenían esa personalidad juguetona de aquellos que ocupan lugares diferentes y originales con tal de expresar su dicha. La nariz aguileña sostenía un par de anteojos de marco un tanto grueso que le otorgaba cierta personalidad semi intelectual en conflicto inmediato con su escote de tetas mayúsculamente kilométricas. El ojo derecho se cerró y abrió velozmente tras el vidrio recetado, pero con el timing justo como para que el otro entendiera que era una señal de complicidad explosiva, de envases destrozados sin sentido y casi compartidos libidinosamente.
Él pensó que luego de tantos experimentos con resultados nulos o inciertos, aquél era el momento del ansiado y exitoso final. Su piedra filosofal, su propio Eureka del experimento de los practical jokes hogareños era un éxito. Ella era la Neo de una Matrix nueva que quería conocer. Ella era La Elegida, La Única, aquella a la que ahora debería convencer para que lo siguiera al agujero del conejo, tomar la píldora que le diera en gana, y así abandonar la realidad virtual de su monótona vida para adentrarse en su extraño mundo, ése donde explotar un envase de papas fritas era reconocido como el mejor método para levantar minas, o conocer a la indicada.
Él no se consideraba raro, sólo pensaba que era de edición limitada.
El gendarme que estaba a su lado evidentemente había sido arrebatado de un profundo sueño por la explosión. Su cara demacrada con los ojos exageradamente abiertos reflejaba sorpresa y temor. Tal vez un recién descubierto error lo hacía contener la respiración como si ese esfuerzo pudiera volver el tiempo atrás y borrar algún acto involuntario. En su mano derecha la nueve milímetros reglamentaria apenas comenzaba a sacar una pequeña voluta de humo por su cañón aún caliente, explicándose por si mismo como consecuencia innegable de un reflejo automático que el uniformado jamás habría pensado tener.
El buscavidas que pasaba vendiendo dos cajas de chicles por el precio de una, aprovechó la oportunidad para tirarse un pedo que tenía guardado y listo para aprovechar la mejor situación que se presentara de pasar desapercibido. Nadie se enteraría de tal cosa hasta más tarde, cuando las partículas oloríferas de su tracto digestivo impregnaran los átomos de oxígeno tan escasos en el vagón y que de seguro serían aspirados ávidamente para terminar como una desagradable sorpresa.
El que cacaree primero puso el huevo.
La chica del segundo asiento de la derecha apuntó sus cuernos subcutáneos de teflon hacia el terrorista de las papas voladoras mientras resoplaba a través de su argolla nasal cual vacuno con ansias de venganza taurina. En su cuello los tatuajes de un dragón trenzado en pelea con un pez koi parecieron detenerse en su infinito pleito de colores para mirarlo fijo con intenciones de hacerle pagar el exabrupto innecesario.
Mientras tanto la mujer del extremo de la línea de asientos frente a él, justo antes de la puerta automática del sector posterior, abrió sus hermosos ojos negros y movió la comisura izquierda de su boca en un rictus que iniciaba el movimiento de los quince músculos necesarios para una sonrisa. Sus dientes lejanos a una maravilla, tenían esa personalidad juguetona de aquellos que ocupan lugares diferentes y originales con tal de expresar su dicha. La nariz aguileña sostenía un par de anteojos de marco un tanto grueso que le otorgaba cierta personalidad semi intelectual en conflicto inmediato con su escote de tetas mayúsculamente kilométricas. El ojo derecho se cerró y abrió velozmente tras el vidrio recetado, pero con el timing justo como para que el otro entendiera que era una señal de complicidad explosiva, de envases destrozados sin sentido y casi compartidos libidinosamente.
Él pensó que luego de tantos experimentos con resultados nulos o inciertos, aquél era el momento del ansiado y exitoso final. Su piedra filosofal, su propio Eureka del experimento de los practical jokes hogareños era un éxito. Ella era la Neo de una Matrix nueva que quería conocer. Ella era La Elegida, La Única, aquella a la que ahora debería convencer para que lo siguiera al agujero del conejo, tomar la píldora que le diera en gana, y así abandonar la realidad virtual de su monótona vida para adentrarse en su extraño mundo, ése donde explotar un envase de papas fritas era reconocido como el mejor método para levantar minas, o conocer a la indicada.
Él no se consideraba raro, sólo pensaba que era de edición limitada.
El gendarme que estaba a su lado evidentemente había sido arrebatado de un profundo sueño por la explosión. Su cara demacrada con los ojos exageradamente abiertos reflejaba sorpresa y temor. Tal vez un recién descubierto error lo hacía contener la respiración como si ese esfuerzo pudiera volver el tiempo atrás y borrar algún acto involuntario. En su mano derecha la nueve milímetros reglamentaria apenas comenzaba a sacar una pequeña voluta de humo por su cañón aún caliente, explicándose por si mismo como consecuencia innegable de un reflejo automático que el uniformado jamás habría pensado tener.
Justo en ese momento la última papa frita tocaba el suelo.
OPin 2014
OPin 2014
Publicado por OPin

domingo, 2 de noviembre de 2014
lunes, 13 de octubre de 2014
Cuento
Reacciono de la manera más infantil que podría haber pensado o permitido mi desesperación
-Si, Indio. Huinca desertor, pero ni cagón, ni mata indios. Soltame y hacemos un trato. Un arreglo... ¿Qué andáy queriendo vó?- le dije en una traducción libre de lo que creo que es la manera autodidacta del hablar indígena-
Entendiéndo tan sólo la mitad de lo que dice atino a responder en un susurro, casi sin aliento ni convicción.
Publicado por OPin

El subtitulado de los sueños
Ella me conquista con sus tacos aguja y las
puntas de sus zapatos apuntando hacia una intersección ubicada justo en medio
entre la nada y el infinito. Parece un sueño hecho realidad. El pelo recogido
sobre un hombro que acaricia insistentemente y un escote que invita a
zambullirse en medio de su cálida y turgente tectónica de montañas. La sonrisa
nívea enmarcada por labios carnosos y de profundo carmesí, surge luminosa como
un faro en la oscuridad para guiarme al placer carnal más alejado del alma, en
el centro mismo e irracional de mi privado y salvaje coto de caza. Todo parece
sacado de una novela erótica de poca monta orientada al público femenino
de la cuarta década, sin embargo aún no sé ni siquiera como nombrarla. ¿Maca?, ¿Leila?,
¿Carla?... Es una falla demasiado evidente que debo comunicar. Una corrupción
de datos básicos.
Ella me llama Franco, pero debería saber que soy
Marcos. No es que me conozca. Estaba declarado en el formulario de carga antes
de haber comenzado con todo este baile. Se trata como siempre de una nueva
falla por substitución y en el protocolo ya son 2899 sólo en ésta versión,
mientras que el parche del bio-programa tiene casi la misma cantidad de
ediciones y sigue sin operar correctamente. Mientras lo pienso disfruto y
continúo acariciando sus firmes nalgas, exponentes de una marcada lordosis
lumbar que ilumina mi imaginación en poses que serían rutinarias sólo para un
entrenado contorsionista circense, tan extremas como mi propia imaginación o el
mejor y más incómodo porno aún por filmar.
Nuestras manos van en busca del sexo del otro, ya
húmedos y necesitados de una ulterior acción pero escucho un ladrido cercano. Ella igual me besa con un beso profundo, largo y húmedo, humedad que desborda
mi boca y se expande a mi cara y más tarde al cuello hasta lograr generarme
un intenso reflejo de la micción y a despertarme en medio de una aguerrida erección que ni una sobredosis de citrato de sildenafilo habría
logrado.
Schnösel me está lamiendo la cara entre ladridos
constantes. Todavía no ha comido y ya se encuentra muy avanzada la tarde. Descartando cualquier vinculación con la zoofilia, deduzco que una vez más perdí la noción del tiempo en medio de
uno de mis reiterados viajes y alguien con cuatro patas, una cola y poca
sutileza, me lo está reclamando.
Cada día de sus seis años he intentado enseñarle
al pobre y testarudo bicho como apretar el inmenso botón rojo con forma de
hueso del expendedor automático de alimentos, pero el animal es más testarudo,
ignorante, daltónico o vago que yo y simplemente se sienta con su lengua afuera
mirando como todo lo hacen los demás no sin demostrar algo de pervertido y casi
humano gozo.
Anoto en mi móvil un recordatorio para reportar
los desvíos del programa mientras Schnösel me aturde con sus fauces destrozando
esas piedras de cantero que llaman alimento.
Al menos no va a cagar blando ni con mucho olor.
Vuelvo a analizar lo ocurrido en mi sueño
frustrado y me repito que no por barato el usuario tiene que aceptar su mal
funcionamiento, así es que decido encaminar mis pasos hacia la tiendita del
horror de Artz, como me gusta llamarla, ubicada al final de la galería
comercial frente a la plaza del pueblo, justo donde nadie llega, agotados ya de
tanta vidriera vacía donde se acumula el correo en facturas cubiertas de polvo
y olvido.
Oscura por fuera y por dentro, la pobre tienda
sigue necesitando año tras año la ayuda de una franela o al menos un plumero
que cambie el polvo de lugar y así dar la sensación de que alguna alma en pena
sigue vagando por allí y es el motivo que ha espantando a todo cliente.
Artz es el dueño y encargado permanente, posición
que desaburre gracias al uso del mismo producto en venta: el IS, o Interferon
Sináptico, la primera molécula de diseño programable digitalmente para
entretenimiento personal. La droga blanda como solemos llamarla quienes
defendemos su inocuidad frente a las drogas duras que terminan en serios
predicamentos para el usuario.
Claro que Artz no es su verdadero nombre. A mi empresario amigo antes solían tratarlo de
"Don", hecho que, aunque uno pueda considerar respetuoso, nunca llegó a ser totalmente de su agrado,
tal vez porque sentía que era una forma tácita de señalarle al Mundo que carecía de
cualquier tipo de título profesional habilitante y que se le daba así un trato que lo
desmerecía. Así es que construyó su propio apodo "Artz", palabra que en el
idioma germánico de sus ancestros significa nada más ni nada menos que médico.
Con esa simple y tonta medida había logrado que nadie más le dijera
Don Sigfrido como es su nombre en realidad. Y aunque nos cueste no llamarlo Chifri, todos estamos acostumbrados a que Artzy sea nuestro tolerante y económico
proveedor habitual.
Como sea, la cuestión es que el susodicho elabora
desde hace varios años su propio IS a precio mucho menor que el del mercado
oficial regulado por el gobierno. Dice que por definición el IS no es una droga, que aún cuando se trate
de una molécula creada artificialmente, que produce efectos en el sistema
nervioso central modificando el estado de ánimo o produciendo placer, que incluso pueda
tener potencial de abuso, no cuente con fines terapéuticos, altere los
aspectos afectivos, cognitivos y conductuales y que además pueda ser auto administrada
creando adicción, sigue siendo la mejor amiga de cualquier adulto aburrido en
búsqueda de la más pura, económica, inofensiva y simple diversión.
El problema con la IS es que debe ser pre
programada por un especialista medianamente bueno como él, teniendo en cuenta y de común acuerdo
con los deseos del usuario o cliente.
Por eso es que tengo que pasarle la lista de los desvíos
de programa y así evitar una nueva decepción con la mujer de mis sueños.
Sería el parche 2909.
Sería el parche 2909.
-Tengo novedades- Me dijo con una sonrisa de oreja a oreja mi no diplomado
proveedor apenas me vio cruzar la puerta-
-Y yo te tengo una lista de quejas chabón...Para
empezar otra vez tuve que terminar el programa "manualmente"...
- ¿En serio mein lieber Freund ? mirá que te salen pelos en la palma de la
mano...-dijo con la sonrisa ya medio apagada- No, te cuento, te cuento, lo que pasa es que recibí información
de un hacker amigo que trabaja para BIOCOM y creo que puedo modificar mi IS
para convertirla en ProInterferona de mediana calidad...Nada muy elaborado ya que
no tengo todo el equipamiento, pero funcional...
-¿Vos me hablás de imitar una de las tecnologías más caras de todas las que se conocen? ¿En
serio? sería un golazo chabón...me anoto... claro...aunque no sé si podré
pagarlo. Por más barato que sea, ya estoy tocando fondo y Petra me saca todo para la manutención... ¿Te diste cuenta que la sigla ahora sería PIS...? - le digo sonriendo
mientras muestro las lampiñas palmas de mis manos-
La ProInterferona Sináptica no es otra cosa que el resultado de
una segunda etapa de desarrollo donde la molécula IS aprende en base a
muestreos constantes donde y cuando actuar gracias a la lectura de los
recuerdos almacenados en la memoria del usuario. Un sistema autónomo que tan
solo debería contar como limitante el evitar situaciones o hechos que
pudieran dañar o traumatizar al cliente. Es que, por ejemplo, yo no quisiera
soñar mil veces las mismas cosas una y otra vez y menos si esas cosas se
convierten en pesadillas o situaciones estresantes. De allí que aún los laboratorios de diseño más importantes se encuentren desde hace años a punto de iniciar las pruebas sobre
humanos sin lograr obtener hasta el momento el permiso de los organismos
reguladores de la salud.
-Si te parece -le digo en un intento de sacar
partido de la situación- yo puedo ser tu conejillo de indias...a cambio de
provisión gratuita... digamos...por los siglos de los siglos...amén...-total (pienso) el "no" ya lo tenemos de antemano-
Artz ni siquiera me responde, supongo que estaba
esperando una propuesta por el estilo y se está poniendo a trabajar de
inmediato en mi primer viaje. Claro que no existiendo otros oferentes que
quieran competir y dada la voluntad manifiesta del científico iletrado,
el trabajo y la remuneración ya debo considerarlos absolutamente míos. Junto
con los riesgos, se supone.
La primera dosis la programa con los mismos datos
base que su antecesora menos compleja. No vamos a andar perdiendo tiempo en
trivialidades. Para él y con la finalidad de ir sobre seguro, lo importante es
el funcionamiento dinámico y no la calidad de los datos de inicio, así que ya
podemos considerarnos listos para comenzar con lo que hay.
Veo que una de las ventajas del nuevo modelo
radica en que la inyección ya no hay que aplicarla de la antigua manera cruenta
directamente sobre la yugular. Las nuevas moléculas cuentan con un sistema de
orientación propio con su correspondiente mapeo que les permite encontrar la
corteza cerebral con facilidad y una vez inyectada en el brazo o el muslo,
orientarse por el flujo sanguíneo hasta alcanzar las neuronas y establecer las
conexiones sinápticas necesarias.
Solo me recosté en la camilla y Artz me aplicó la
inyección electrónica.
- Quedate tranquilo Marcos. La Neuroingeniería es lo mío. Tengo todo
bajo control. No puede fallar...
Y veo una pared de luz.
La luz duele. Nunca lo había notado con
anterioridad sin estar tirado en la playa, pero lo suponía. Pienso que debe ser la razón básica por la que
los bebés nacen con los ojos cerrados y se niegan a abrirlos hasta estar
seguros de estar protegidos en la sombra del regazo de la madre con una teta al alcance de la boca.
La luz duele, digo, y en cuanto abro mis ojos una
catarata de material blanco munido de millones de filos cortantes de claridad
caen súbitamente sobre mi nervio óptico sin la más mínima conmiseración.
Pero todo dolor pasa o se asimila con el tiempo,
y esa luz que me ciega de manera destructiva, al tiempo me permite sentir en su
lugar el ardor indescriptible que quema todo mi cuerpo.
La duda está planteada, ya no se cual dolor es
preferible y debo batallar con los dos simultáneamente.
-Ahora no sos tan machito vos huinca sorete, ¿no?-escucho
que dicen a mi lado-
Trato de localizar el origen de aquella voz y
volteo para encontrarme sólo con una figura sombría recortada contra un fondo
blanco luminiscente.
-Huinca, ¿vos desertor? ¿Cagón vos? ¿Vos juyendo
de lo otro milico? ...Hablá antes de que se te seque el garguero...
Y parece que en mi cerebro una ficha cae
correctamente haciendo mucho ruido, pero en un casillero muy alejado de la zona
de confort de la felicidad. Más bien digamos que cae para el lado oscuro que uno siempre anda esquivando.
Reacciono de la manera más infantil que podría haber pensado o permitido mi desesperación
-Si, Indio. Huinca desertor, pero ni cagón, ni mata indios. Soltame y hacemos un trato. Un arreglo... ¿Qué andáy queriendo vó?- le dije en una traducción libre de lo que creo que es la manera autodidacta del hablar indígena-
La figura se corre un poco hacia la sombra y
puedo ver a un indio mapuche o araucano y más allá su caballo tordo atado a un raquítico
caldén que apenas podría retenerlo en una estampida.
-No. Quidequeo no quiere tratos con vos sorete,
Quidequeo tiene todo lo que necesita. Vos milico, y a Quidequeo no le gustan
los milicos. Y me huelo que a los milicos tampoco les gustás vos, sorete. Mejor
quedate así nomás. Alhue está encima tuyo esperando que te mueras. Él te va a pacificar la Araucanía a vos...sorete...
-¿Alhue?
-Si. Ustedes lo llamás Diablo. Con cuernos,
ése...el que vive en el Miñche Mapu...Y yo lo veo colgando de la cola sobre vos. Te está esperando para comerse
tus tripas y tirarle tu corazón a los caranchos...
Las llagas originadas por las quemaduras del sol
ya comienzan a asomar sobre mi piel y el dolor que me producen es apenas
comparable al de los insectos que bajo mi sombra han comenzado a alimentarse
por todos mis orificios, incluidos los naturales.
Algo me recuerda un pasaje del Martín Fierro y me
doy cuenta que el estaqueado nunca tiene mucho tiempo de sobrevida en las
condiciones del desierto. Incluso en lo gélido de las noches.
Cuatro pitones de madera, probablemente extraídas
del caldén, están clavados en forma de equis siguiendo mis extremidades. Brazos
y piernas se encuentran firmemente atados a ellos mediante lonjas de cuero
crudo humedecido, que a medida que se secan, se contraen y hacen que mis
ataduras se endurezcan y estiren toda mi osamenta inmovilizándome aún más. Los labios cuarteados, la sed extrema y las llagas quemando mi piel, son relojes a los cuales ya se les termina la arena en medio del inmenso desierto.
El indio comenzó a pegarme en los testículos con
una vara.
-Huinca huevón. Huevón y mata indios. Mi gente
muerta por milicos tres inviernos atrás. Se los llevó la Ngenechén al Wenu Mapu. Pero a vos
te va a llevar Alhue, porque indio ahora quiere matar huinca sorete...
Entendiéndo tan sólo la mitad de lo que dice atino a responder en un susurro, casi sin aliento ni convicción.
-No Quidequeo, yo no era milico hace tres años,
te lo juro, no, yo hace poco que caí en la leva y me estaquearon porque no
quise matar indios como vos...- la mentira nunca ha sido mi
fuerte- Yo huinca sorete pero bueno...
-Huinca cree que Quidequeo come pasto- dice el
indio mientras con una risotada saca un facón caronero con mango blanco que
seguramente había obtenido matando a algún cristiano- Quidequeo te va a enseñar
como castigamos nosotros a los milicos asesinos, traidores y mentirosos....
El indio se mueve hacia mis pies blandiendo el
acero de un lado al otro mientras lo hace silbar en el viento.
-¿Querés que te suelte?
-Si... Tengo cosas que te pueden gustar.
Tengo ginebra, chinas, tabaco, todo para vos si me soltás...-le digo a sabiendas
de que es un comentario inútil destinado al fracaso y que el indio sólo está jugando con un milico
caído en desgracia y a su disposición-
-No. -dice, y sin mediar otra palabra comienza a
lonjear la planta de mi pie izquierdo-
Cada feta finamente cortada suma más agonía a mis
dolores, me quita el aliento, contrae mis músculos impidiéndome incluso el
gritar. Las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos y las manos copian la
crispación de todos mis músculos, pero todo es en vano, estoy en manos de mi
torturador y nada que diga o haga logrará un cambio en lo que está decidido a
hacerme.
En algún momento pienso en dejarme ir, en
terminar definitivamente con todo, pero la muerte suele ser una mujer altiva
que nunca acude cuando se la necesita y menos en los sueños.
Una vez que Quidequeo llega al primer hueso
abandona mi pie desollado, se mueve apenas unos palmos y siempre con la rodilla
en tierra comienza a sacar lonjas de la planta de mi otro pie.
-¿Sabés qué Huinca? -Dice sin dejar de cortar-
Así tratamos a los nuestros cuando nos traicionan. Por más que te suelte no vas
a poder ir muy lejos y los bichos ya están oliendo tu sangre. Alhue me está
sonriendo mientras se frota las manos. -Señala el cielo en un gesto amplio-
Éste es tu Pikun Mapu. Pero no tengas miedo, todavía le falta mucho para que te coma las tripas...
Con el facón en la mano derecha y sin dejar de
hablarme toma mi escroto con la izquierda para comenzar a capar...
Artz está frente a mí con la cara crispada por la
preocupación.
-¿Bist
Du verrückt geworden Marcos? Te desperté porque empezaste a convulsionar...estabas como loco...scheiße... ¿Qué
te pasó hermano?
-¿!Que no andaba muy bien la cosa¡? !!Era una
puta pesadilla Artzy¡¡ ¿Vos me querés matar del susto?, mirá, mirá, todavía
tengo el corazón a todo galope y me tiemblan las manos y las rodillas, la puta
que te remil parió y la concha de tu madre...hijo de mil putas ¿Qué carajo me
diste? Aprendé a programar, pedazo de imbécil!...
-Tranquilo, ya pasó- me dice Artz en tono bajo y
tranquilizador- Te di la dosis baja. Está programada para terminar en quince
minutos. Tratá de recordar siempre eso. Poca bio-batería, lo manejo de esa
manera, es un truco que me enseñó Rudolf el jefe de desarrollo de BIOCOM. Ya estaba por terminar pero lo que me
preocupa es que hayas tenido una pesadilla. Se supone que los elementos toman
datos de tu memoria feliz los analizan, traducen y reproducen de manera vivida. Yo suelo
decir que leen tu memoria y forman algo así como el subtitulado de tus sueños. Como
en una película, si el traductor es bueno y se pone las pilas la entendés
completa pero si es malo y anda desganado o sin baterías, no va a tener ni pies
ni cabeza o va a ser toda una pesadilla. No te tendría que haber despertado. En
una de esas se ponía mejor.-
-¿Mejor? ¿Mejor decís, pelotudo? ¿Cómo mierda se
va a poner mejor si estaba estaqueado en el medio de la nada y un indio hijo de
puta me estaba cortando en lonjas la planta de los pies y las bolas...mejor me
decís? !! dejáte de joder..!! Andá a hacerte una enema de poronga !!
-¿Las bolas? Hay no, con eso no se jode. ¿Te
capó? Scheiße!...
Lo miro con cara de "Si seguís a
vos te va a pasar lo mismo" y él continúa hablándome sin darse por enterado.
-Macht nichts. Tengo que suponer que es sólo un
tema de carga. Le puse muy poca para que te despertaras pronto y puede que haya
afectado al programa traductor. Se fue para el lado de la memoria, por lo menos
estaba bien orientado, pero parece que no era para nada de la feliz o la estuvo malinterpretando-
-Ya se me pasa...dáme un momento...
-Si te sentís mejor mañana probamos con una carga
más alta y le programo unos limitantes sinápticos para que como medida de seguridad no puedan leer la
parte oscura de tu mente-
Más relajado pienso que a todo hay que darle su
tiempo y sus segundas oportunidades si se quiere algo bueno y más si eso en el
futuro va a ser libre de costo, así que me digo que total como todo es irreal,
como todo es un sueño que no puede dañarme, vale la pena darle otra oportunidad y aguantarme cualquier sufrimiento.
-Mañana. Todo sea por la ciencia y por que cuando
funcione me des toda la que quiera y...ojito...GRATIS.
No recuerdo si me fui y volví, o simplemente
permanecí durmiendo acostado en la misma camilla. Solo veo de inmediato a Artz
con su jeringa de luces de colores entrando en mis venas otra vez y como mi
visión se enturbia en medio de una nube de agradables sensaciones.
-Kein Problem... Se vá la segunda !...Aro,
aro, aro!!...- grita bailando una supuesta chacarera- Dale, pensá en cosas lindas salame. No puede fallar...- escucho
que me instruye Artz mientras la realidad se diluye.
Yo le señalo el techo con mi dedo medio.
Y veo un bosque.
Estoy sentado en una especie de hueco armado con
casi unos 50 metros de soga de cáñamo enrollada sobre sí misma formando un
barril. Frente a mí se extiende un claro de unos doscientos metros producto de
la tala pero sin tocones que impidan que el terreno se convierta en un futuro
campo de siembra. Aún así el sol apenas logra entrar con rayos oblicuos que
rompen la más cerrada oscuridad.
Me resulta extraña la opresión en el pecho y la
angustia que me cierra la boca del estómago con un doloroso nudo que no deja de
apretar, pero tal vez lo peor sea mi mente, embarcada en una serie repetitiva
de preguntas sin respuesta, vueltas a formular una y otra vez aún cuando parece
que la solución es imposible.
¿Por qué? Ella era todo. ¿Qué sentido tienen las
cosas ahora? y vuelta a comenzar.
Un Mustang amarillo del 57 se encuentra
estacionado a unos diez metros frente a mí. Su escape emite bocanadas de vapor
de manera acompasada y el rugido de su motor, como un monstruo de otro
mundo, se mueve por las frecuencias más bajas de mi oído haciendo callar
a todas las aves, ardillas y lagartijas del lugar.
Un extremo de la soga está atado con un ballestrinque
a un añoso roble junto a mí y el otro lo puedo ver en mis manos mientras
formo una ese, luego paso el extremo por una presilla dejando bastante cabo
para poder realizar la gaza. Sé que debo darle al menos seis vueltas para que
esté correctamente realizado. Lo hago y paso el chicote por en medio de la otra
gaza para finalmente apretar el nudo tirando de la primera.
Es el típico nudo que todo el mundo quiere saber
hacer por haberlo visto alguna vez en la televisión donde recibió el
ominoso nombre de nudo del ahorcado debido al macabro uso que siempre se le ha
dado, aun cuando también sea útil para salvar vidas, por ejemplo lanzándolo a
una persona que se está ahogando para que se lo coloque por debajo de sus
brazos, como si el nudo la abrazara.
Me muero por abrazarla aunque no sé quién es,
pero mi angustia se incrementa al pensarla. Ocupa toda mi mente. Ella no me
mira, ni responde ni me explica el porqué hizo lo que hizo. Observo sus firmes
nalgas, exponentes de una marcada lordosis lumbar que ilumina mi imaginación en
poses que serían rutinarias sólo para un entrenado contorsionista circense. Mi
cerebro afiebrado bulle en preguntas mientras mis pies sangrantes se mueven hacia el auto
arrastrando la soga que reduce sus anillos en la pila a razón de una
circunferencia por cada paso.
La puerta del conductor está abierta y la
ventanilla baja.
Entro a la cabina y me abrocho el cinturón de
seguridad.
Pruebo el rugido del potente motor dándole gas
una y otra vez con el acelerador, hasta alcanzar las 7.000 vueltas.
No sé cómo ni cuándo pero el nudo se cierra en mi
garganta generando el picor inevitable del cáñamo contra la piel. Giro la
cabeza y veo la línea de soga que parte desde allí hasta el barril y luego al
viejo roble. La presión en el pecho crece y un zumbido dolorosamente molesto va aumentando en mis oídos hasta hacerse insoportable.
Pongo primera, acelero a fondo y mientras una
lágrima inicia un río sobre mi mejilla, suelto el embrague y en medio de un
primer derrape que pone en vuelo hojas y tierra, comienzo mi carrera de
50 metros hacia la Nada.
Siento en el cuello el peso de la soga que voy
arrastrando tras de mí y que intenta sacarme fuera por la ventanilla. Pongo
segunda y acelero más sin escuchar otra cosa que el silbido que perfora mis
tímpanos, borrosa la mirada de tantas lágrimas y oprimido el corazón por una
angustia que quiero erradicar definitivamente mediante este evento.
Sé que el sol ilumina el parabrisas en el mismo
instante en que la soga llega a su fin y que el latigazo es fulminante,
haciendo que mi cabeza se desprenda del cuerpo aferrado al asiento por un
cinturón inercial, para así poder observar desde fuera como el Mustang amarillo
colisiona diez metros más adelante contra un ciprés que dibuja su contorno
sobre el capot humeante. Mi cuerpo asoma por el parabrisas destrozado y puedo
contemplarlo con los ojos que ya no están unidos a él.
Por detrás del árbol aparece una figura que
camina con un brazo en alto. Ni siquiera mira el auto o el cuerpo desmembrado,
simplemente se dirige donde mis ojos están atrapados por la soga. Pronto puedo
observar que es un conocido indio alto y demacrado como el propio Alhue o como
si la misma muerte lo hubiera alcanzado. En la mano que tiene en alto sostiene
algo ensangrentado y se ríe de mí mientras en la otra blande un facón caronero
de mango blanco.
Lo veo a Artz.
Intento golpearlo pero apenas tengo fuerzas para
vocalizar un insulto y llevar la mano hasta mi garganta para verificar que
sigue unida al resto del cuerpo.
-Nada, nada, nada... bien... Schade! No
sé...-suspira- Respirá más lento que ya se pasa...- dijo adivinando lo
desastroso del experimento- Insisto en que es un problema de carga. Algo falla
y hace falta un poco más de energía para asegurar una buena respuesta. Más
energía, si,...tengo que ver cómo...
Artz ve que con mi mirada lo estoy insultando más
de lo que mis energías podrían expresar.
Me da la espalda para no tener que lidiar con mi
enojo.
-Marcos, ya te lo dije: la clave está
en el subtitulado de los sueños, y hay algo en las cargas de bio-material
que está alterando las lecturas. Pienso que lo puedo solucionar. Teneme un poco de confianza y dáme un poco
de tiempo más. Necesito más energía...No puede fallar...
Y mientras intento responderle noto que la fuerza
regresa a mí mientras la angustia es reemplazada por sensaciones de calidez que
hacía muchos años había experimentado en el contacto con esa mujer amada.
Noto que el tiempo se ha alterado y que Artz está
vestido de otra manera, mientras cargando una nueva jeringa electrónica me da
un discurso del cual sólo logro escuchar una parte, tal vez la menos relevante,
o todo lo contrario.
-Te dije que lo iba a solucionar. Klar! Te
lo dije. Se terminó el problema...alles
in Ordnung !!-dice Artz casi saltando en una pierna y bailando de la alegría- pero para que funcione como Dios manda debí
extender la duración de las cargas bio-nucleares de cada molécula. Yo te lo decía. Hablé con Rudolf y dijo que tengo razón. Rudolf ¿te acordás? el de la BIOCOM. Creo que
ahora pueden durar eternamente, pero lo más importante es que
ahora sí deberían conseguir el subtitulado correcto de tus sueños y darte un viaje de primera
calidad...-
Lo miro cansado de tanto experimento y sin saber
cómo podría hacer para que toda esta locura pare.
-Relajate Marcos, éste va a ser un muy, muuuy, muy
buen viaje. Lo cargué como para que tengas algo de sexo. Digamos que como agradecimiento por todo lo que aguantaste. Estoy seguro que lo vas a disfrutar. No puede fallar...Auf keinen Fall!...
Cansado lo insulto digitalmente y me zambullo en
la más profunda oscuridad que apenas se ilumina con el contorno de una figura
femenina.
Una mujer conocida.
Inolvidable.
Eterna.
Una mujer conocida.
Inolvidable.
Eterna.
Ella me conquista con sus tacos aguja y las
puntas de sus zapatos apuntando hacia una intersección ubicada justo en medio
entre la nada y el infinito.
Parece un sueño hecho realidad...
Parece un sueño hecho realidad...
OPin 2014
En otras palabras e idiomas
Schnösel : gilipollas, pajero, mojigato.
mein lieber Freund : mi querido amigo
Huinca : Conquistador español (despectivo)
Alhue : Diablo
Miñche Mapu: la tierra de abajo, donde se encuentra la fuerza del mal o espíritus malignos.
Ngenechén : Dios
Wenu Mapu :espacio sagrado e invisible donde habitan la familia divina, los espíritus del bien y los antepasados mapuche.
Pikun Mapu : Lugar de Mala suerte.
Bist Du verrückt geworden ?: ¿Estás loco?
scheiße : mierda
Macht nichts : No importa
Kein Problem : No hay problema
Klar!: Claro!
alles in Ordnung : todo en orden
Auf keinen Fall!: de ninguna manera !
En otras palabras e idiomas
Schnösel : gilipollas, pajero, mojigato.
mein lieber Freund : mi querido amigo
Huinca : Conquistador español (despectivo)
Alhue : Diablo
Miñche Mapu: la tierra de abajo, donde se encuentra la fuerza del mal o espíritus malignos.
Ngenechén : Dios
Wenu Mapu :espacio sagrado e invisible donde habitan la familia divina, los espíritus del bien y los antepasados mapuche.
Pikun Mapu : Lugar de Mala suerte.
Bist Du verrückt geworden ?: ¿Estás loco?
scheiße : mierda
Macht nichts : No importa
Kein Problem : No hay problema
Klar!: Claro!
alles in Ordnung : todo en orden
Auf keinen Fall!: de ninguna manera !
Publicado por OPin

miércoles, 23 de julio de 2014
miércoles, 11 de junio de 2014
Cuento
Ella no soportaba los calores y salió agitadamente a la vereda para disfrutar de la fresca tarde de otoño. Me quedé solo en la mesa iluminada por el sol del mediodía observándola tranquilizarse del otro lado de la vidriera. Con un gesto dibujado en el aire le pedí la cuenta a Maxi, mientras observaba a Susana depositar un plato de canelones con salsa blanca en la mesa cinco, justo frente a la mía, ambas apoyadas sobre el gran ventanal que daba a la calle.
Paula, se acercó del otro lado del vidrio, con la mirada perdida con rumbo al contenedor de residuos que el restaurante atiborraba hasta el desborde allí donde el fin de la vidriera ocultaba su inmunda imagen. Tan era así que yo apenas podía observarlo con dificultad en la diagonal, justo por sobre el hombro del habitante de la mesa cinco.
Tal vez por eso pensé que ella miraba al comensal que ya había tomado el recipiente de queso rallado y con una minúscula cucharita procedía a cubrir su humeante plato. Una , dos , tres...quince, veinte cucharadas que convertían al plato de canelones con queso en otro compuesto de queso con un leve toque de canelones con salsa blanca por debajo.
Tal vez cansado de tanto ejercicio vano o por temor a que su plato perdiera más temperatura al transcurrir tanto tiempo, el hombre decidió volcar de una vez el resto que aún quedaba en el recipiente y así terminar con tan delicada e inútil tarea.
Pero Paula estaba mirando más allá. Al fondo, donde las palomas carroñeras habían huido espantadas para posarse sobre el tendido de cables. Allí esperarían que regresara la tranquilidad a su área de engorde, mientras practicaban tiro al blanco sobre las superficies de los autos estacionados. Paula, como las palomas, estaba perturbada por los movimientos que una figura desarrollaba en torno al contenedor.
Maxi me dejó la cuenta, pagué con diez por ciento de agradecimiento y lentamente fui al encuentro de mi esposa.
-Pobrecito...
Fue la única palabra que apuntalada con la mirada me dirigió hacia el contenedor.
-Está comiendo lo que encuentra...
Lo dijo con un asombro que yo no podía entender después de haber visto esa misma escena repetida hasta el hartazgo con el devenir de múltiples e ineficientes gobiernos.
-Si, no te preocupes. - intenté tranquilizarla- El contenedor está lleno de recortes y comida en buen estado que los del restaurante tiran. Son las sobras. Peor sería un contenedor con cosas en mal estado...
Y mientras la arrastraba sutilmente sobre la línea peatonal cruzando la calle, me detuve a observar la labor veloz , precisa y constante con la que el hombre de no más de treinta años separaba materiales reciclables, alimentos de consumo inmediato, otros que podían esperar, lo que le daba a su perro y lo que le tiraba a los pichones.
-Querés darle un poco de plata para que coma algo decente?
Paula me miró con expresión aún enganchada en un pensamiento profundamente enredado en sus neuronas.
-No. No está pidiendo. La campera que usa está destruida pero es de marca. Hay gente que antes que mendigar prefiere pegarse un tiro. No, no quiero ofenderlo...en una de esas tiene problemas mentales...
-Bueno, entonces vamos...
Comenzó a caminar y de pronto se detuvo abruptamente como si una nueva idea la hubiera atravesado.
-Mejor sí. Pobrecito. Me da lástima. ¿cuánto le damos?..
-No sé, pensaba para un sándwich o algo para llevar, que sé yo..?
-Tenés?
Saqué la plata del pantalón casi como contada y se la entregué mientras la observaba decidida a alcanzar a ese ser humano antes que como un ciervito asustado emprendiera la huida.
-Yo te vigilo desde esta vereda...-alcancé a gritarle cuando ya había iniciado la carrera-
Ella cruzó, y se acercó hasta unos metros del pobre tipo. Seguramente le dijo -No se ofenda, pero me gustaría darle unos pesos para algo caliente- Y desde la vereda de enfrente pude ver como el hombre se detenía, la observaba con curiosidad y sin acercarse más de lo apropiado, como para no asustarla, encogió el cuerpo extendiendo su mano hasta Paula y recibir así al fin el dinero. Rápido guardó el botín en su bolsillo y volvió a su tarea como si nada hubiera pasado. Paula se volteó cabizbaja para emprender el regreso cuando yo, único testigo del evento en una posición privilegiada, noto que el muchacho levanta la cabeza y la espía, para luego, una vez seguro de no ser visto, voltearse y hacer un pequeño festejo futbolero no exento de algún saltito y golpe de puño con el aire como destino.
Todo duró tan sólo un segundo y fue un evento espontáneo y prodigioso del que Paula no había sido testigo.
-No tiene dientes- me dijo al cruzar la calle casi llorando- y tiene las manos tatuadas de basura...
-Entonces ojalá que esos billetes lleguen a las manos de algún político y así los toque un poco de la realidad que ellos mismos generan...-dije yo en una fallida humorada para levantarle el ánimo...
La cara de Paula no acusó recibo y parecía estar sumida en una total tristeza.
-Vos no viste lo que yo...-le dije sonriendo.
-¿Qué viste? dale, contame...-dijo con genuina curiosidad-
-Cuando te diste vuelta y se aseguró que no lo veías, festejó como un chico con juguete nuevo...
Paula sonrió. Miró hacia atrás a la figura que seguía escarbando del otro lado de la vidriera donde el hombre terminaba su colchón de queso rallado con canelones con salsa blanca, me miró y supe que había recuperado esa alegría que la había abandonado por un momento.
Tan sólo unos pocos pesos habían comprado la felicidad momentánea de tres personas.
Lo mismo que había costado el plato de canelones con queso.
O.Pin
Publicado por
OPin

Canelones con queso
Ella no soportaba los calores y salió agitadamente a la vereda para disfrutar de la fresca tarde de otoño. Me quedé solo en la mesa iluminada por el sol del mediodía observándola tranquilizarse del otro lado de la vidriera. Con un gesto dibujado en el aire le pedí la cuenta a Maxi, mientras observaba a Susana depositar un plato de canelones con salsa blanca en la mesa cinco, justo frente a la mía, ambas apoyadas sobre el gran ventanal que daba a la calle.
Paula, se acercó del otro lado del vidrio, con la mirada perdida con rumbo al contenedor de residuos que el restaurante atiborraba hasta el desborde allí donde el fin de la vidriera ocultaba su inmunda imagen. Tan era así que yo apenas podía observarlo con dificultad en la diagonal, justo por sobre el hombro del habitante de la mesa cinco.
Tal vez por eso pensé que ella miraba al comensal que ya había tomado el recipiente de queso rallado y con una minúscula cucharita procedía a cubrir su humeante plato. Una , dos , tres...quince, veinte cucharadas que convertían al plato de canelones con queso en otro compuesto de queso con un leve toque de canelones con salsa blanca por debajo.
Tal vez cansado de tanto ejercicio vano o por temor a que su plato perdiera más temperatura al transcurrir tanto tiempo, el hombre decidió volcar de una vez el resto que aún quedaba en el recipiente y así terminar con tan delicada e inútil tarea.
Pero Paula estaba mirando más allá. Al fondo, donde las palomas carroñeras habían huido espantadas para posarse sobre el tendido de cables. Allí esperarían que regresara la tranquilidad a su área de engorde, mientras practicaban tiro al blanco sobre las superficies de los autos estacionados. Paula, como las palomas, estaba perturbada por los movimientos que una figura desarrollaba en torno al contenedor.
Maxi me dejó la cuenta, pagué con diez por ciento de agradecimiento y lentamente fui al encuentro de mi esposa.
-Pobrecito...
Fue la única palabra que apuntalada con la mirada me dirigió hacia el contenedor.
-Está comiendo lo que encuentra...
Lo dijo con un asombro que yo no podía entender después de haber visto esa misma escena repetida hasta el hartazgo con el devenir de múltiples e ineficientes gobiernos.
-Si, no te preocupes. - intenté tranquilizarla- El contenedor está lleno de recortes y comida en buen estado que los del restaurante tiran. Son las sobras. Peor sería un contenedor con cosas en mal estado...
Y mientras la arrastraba sutilmente sobre la línea peatonal cruzando la calle, me detuve a observar la labor veloz , precisa y constante con la que el hombre de no más de treinta años separaba materiales reciclables, alimentos de consumo inmediato, otros que podían esperar, lo que le daba a su perro y lo que le tiraba a los pichones.
-Querés darle un poco de plata para que coma algo decente?
Paula me miró con expresión aún enganchada en un pensamiento profundamente enredado en sus neuronas.
-No. No está pidiendo. La campera que usa está destruida pero es de marca. Hay gente que antes que mendigar prefiere pegarse un tiro. No, no quiero ofenderlo...en una de esas tiene problemas mentales...
-Bueno, entonces vamos...
Comenzó a caminar y de pronto se detuvo abruptamente como si una nueva idea la hubiera atravesado.
-Mejor sí. Pobrecito. Me da lástima. ¿cuánto le damos?..
-No sé, pensaba para un sándwich o algo para llevar, que sé yo..?
-Tenés?
Saqué la plata del pantalón casi como contada y se la entregué mientras la observaba decidida a alcanzar a ese ser humano antes que como un ciervito asustado emprendiera la huida.
-Yo te vigilo desde esta vereda...-alcancé a gritarle cuando ya había iniciado la carrera-
Ella cruzó, y se acercó hasta unos metros del pobre tipo. Seguramente le dijo -No se ofenda, pero me gustaría darle unos pesos para algo caliente- Y desde la vereda de enfrente pude ver como el hombre se detenía, la observaba con curiosidad y sin acercarse más de lo apropiado, como para no asustarla, encogió el cuerpo extendiendo su mano hasta Paula y recibir así al fin el dinero. Rápido guardó el botín en su bolsillo y volvió a su tarea como si nada hubiera pasado. Paula se volteó cabizbaja para emprender el regreso cuando yo, único testigo del evento en una posición privilegiada, noto que el muchacho levanta la cabeza y la espía, para luego, una vez seguro de no ser visto, voltearse y hacer un pequeño festejo futbolero no exento de algún saltito y golpe de puño con el aire como destino.
Todo duró tan sólo un segundo y fue un evento espontáneo y prodigioso del que Paula no había sido testigo.
-No tiene dientes- me dijo al cruzar la calle casi llorando- y tiene las manos tatuadas de basura...
-Entonces ojalá que esos billetes lleguen a las manos de algún político y así los toque un poco de la realidad que ellos mismos generan...-dije yo en una fallida humorada para levantarle el ánimo...
La cara de Paula no acusó recibo y parecía estar sumida en una total tristeza.
-Vos no viste lo que yo...-le dije sonriendo.
-¿Qué viste? dale, contame...-dijo con genuina curiosidad-
-Cuando te diste vuelta y se aseguró que no lo veías, festejó como un chico con juguete nuevo...
Paula sonrió. Miró hacia atrás a la figura que seguía escarbando del otro lado de la vidriera donde el hombre terminaba su colchón de queso rallado con canelones con salsa blanca, me miró y supe que había recuperado esa alegría que la había abandonado por un momento.
Tan sólo unos pocos pesos habían comprado la felicidad momentánea de tres personas.
Lo mismo que había costado el plato de canelones con queso.
O.Pin

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