lunes, 26 de septiembre de 2016

Encantadora de pájaros


Acrílico sobre lienzo 50 cm x 70 cm. 

Los pájaros, en general, no son enemigos del agricultor. Es verdad que los pájaros pueden comer algo del grano, lo cual obliga a poner en los campos los conocidos espantapájaros. Pero los pájaros se encargan de destruir a muchísimos insectos dañinos que, sin la acción aniquiladora que ejercen los pájaros, acabarían destruyendo las cosechas.
De tal manera y para que la fama del señor espantapájaros no fuera tan nefasta, su esposa, la Encantadora de Pájaros hace su aparición, como toda mujer que se precie, para llevarle la contraria.


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lunes, 22 de agosto de 2016

Desarraigo


Óleo sobre lienzo 80 cm x 80 cm.

Abandonar nuestro terruño por una u otra razón siempre implica miedos que viajan con nosotros en la medida que llevamos nuestra casa a cuestas. Son épocas de grandes movimientos humanos donde se abandona familia y amigos buscando el bien de nuestros hijos.
Llevarnos la casa a cuestas con todos esos miedos es la mejor forma de visualizar el desarraigo.
Esta pintura replica la fachada de la llamada "Casa del monstruo" localizada en Roma, la cual se llama así porque el frente del edificio cuenta con un gran monstruo con la boca desmesuradamente abierta, en el proceso de tragar las puertas y ventanas. Fue construido por el famoso artista barroco Federico Zuccari en 1590 como un estudio para él y sus hijos. Zuccari se inspiró a su vez en los jardines de Bomarzo, que se encuentra en el norte de Lacio, Italia. 
En mi versión se mezcla con el estilo neorrenacentista florentino usado por el arquitecto Juan Chiogna en las pequeñas usinas eléctricas de la vieja Compañia Italo Argentina de Electricidad (CIAE)

 
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domingo, 22 de mayo de 2016

Pulpito (Soñando en grande)


Óleo sobre lienzo 80 cm x 80 cm

Pintura basada en las imágenes de las propelas del Titanic en carenado (dique seco)
El título no es "Púlpito" , es Pulpito por la marca de la pelota de goma .
La Pulpo apareció en 1936, en una fábrica dedicada a moldear artículos de goma: sopapas, cueritos y cosas similares. La innovación fue un sistema que permitía inyectar goma de color (rojo, aunque luego se sumaría el azul) sobre la goma blanca, para obtener el rayado característico. La pelota venía en varios tamaños incluyendo, desde luego, el tradicional “número 5” que es furor en el deporte del balompié. A Gerildo Lanfranconi, fundador de la fábrica, se lo apodaba “Pulpo” por la fuerza de sus brazos, y ese nombre se trasladó a la pelota. El balón de goma también se hizo fuerte: fue el artículo más vendido de la fábrica y extendió su llegada comercial a casi todas las provincias del país, los turnos de trabajo se ampliaron hasta la noche y dieron sustento a cien familias. Durante la Segunda Guerra Mundial, como para capear la crisis subsiguiente, la empresa aprovechó la experiencia gomodeportiva y amplió su oferta a las pelotitas de tenis. La historia continuó hasta 1994, cuando la convertibilidad menemista, la apertura indiscriminada a las importaciones y los cambios culturales acorralaron a la humilde Pulpo.

Detalle

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sábado, 5 de diciembre de 2015

Cuartel de Dragones


Óleo sobre lienzo 80 cm x 80 cm


En el año 1929 se tomaron registros fotográficos de las adaptaciones que los bomberos de época realizaban para mejorar su efectividad. En una fotografía de ese año correspondiente a los bomberos de Moscú puede apreciarse un grupo de los mismos divididos en pares. Uno de ellos con una escafandra y traje de buzo y el otro con un fuelle y una bocina que servía para comunicarse, tanto hablando como escuchando por la manguera. El fuelle era ni más ni menos para insuflar aire fresco dentro del traje de buzo. De ésta manera el bombero con su traje antiflama (puro algodón) y la escafandra, podría ingresar en zonas saturadas de humo o gases tóxicos y así realizar rescates o apagar incendios. Su compañero se quedaba atrás, tanto como la manguera lo permitiera, enviándole el aire fresco desde su fuelle, e informándole de las directivas mediante la bocina.


Al recrear la imagen preferí mantener los pesos y zapatos que son de uso en los trajes de buzo, aún cuando para un bombero los mismos carecerían de utilidad.

Como el cuadro nació de otras ideas, el pequeño castillo que hace de fondo no es otra cosa que las usinas transformadoras de la antigua Italo-Argentina de Electricidad. En este caso muy similar a la que se encuentra en la calle Villafañe a metros de la Av. Reg. Patricios, en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
El Zeppelin y la torre de amarre solo agregan un toque de época como marco de fondo.

El paso a paso en  http://orlandopinpinturas.blogspot.com.ar/p/cuartel-de-dragones.html
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miércoles, 21 de octubre de 2015

La Porteña

Óleo sobre lienzo 80cm x 80cm

La imagen no guarda ningún rigor histórico o mecánico y fue creada como un pequeño homenaje a mi abuelo paterno Rosario Pin, trabajador mecánico de los talleres del Ferrocarril General Roca sitos en Remedios de Escalada.

La primer locomotora argentina llegó el 25 de diciembre de 1856 a Buenos Aires, se llamaba La Porteña y era de la casa The Railway Foundry Leeds, Inglaterra, construida por la firma E.B. Wilson y adquirida por el primer administrador de la Empresa Camino de Hierro, el ingeniero Luis Elordi. También vinieron sus maquinistas, los hermanos John y Tomas Allan. Existen discrepancias con respecto el origen de la primera locomotora. Raúl Scalabrini Ortiz afirmaba, por ejemplo, en su "Historia de los ferrocarriles argentinos" (1940), que "había sido construida para la India y empleada en el sitio de Sebastopol, durante la guerra de Crimea. La difusión de la trocha ancha entre nosotros (poco habitual en el mundo) se debe a esa circunstancia fortuita)". Sin embargo varios historiadores lo niegan: por ejemplo para Julio A. Luqui Lagleyze esto no pudo ser, pues es de otra trocha y las fechas de fabricación y entrada al país dejan un lapso que no habrían permitido tal cosa. Sin embargo Richard Francis Burton menciona en sus "Letters From the Battlefields of Paraguay" (1870) que el tren en que el viajaba en el Paraguay era tirado por "una sobreviviente de Sevastopol" y dado que después de la Guerra de la Triple Alianza los aliados tuvieron que traer máquinas y vagones para explotar el ferrocarril en Paraguay, el comentario es sugerente.

Un carro tirado por 30 bueyes la llevó del puerto a la estación. El rodado era del tipo 0-4-0 ST, alcanzaba una velocidad cercana a los 25 km/h y pesaba 15.750 kg. Permaneció en actividad hasta agosto de 1889, luego se la utilizó por 10 años sólo para maniobras. En la actualidad se la exhibe en el Museo Provincial de Transportes que forma parte del Complejo Museográfico Provincial "Enrique Udaondo" de la ciudad de Luján, junto con uno de los vagones de madera.

El primer maquinista de la empresa fue el italiano Alfonso Covassi, quien tenía experiencia de un año en dicho trabajo al haber sido empleado en la compañía Strada Ferrata Leopoldina, de Toscana, Italia.

La segunda locomotora que funcionó junto a La Porteña se llamó La Argentina y Domingo Sarmiento la transferiría en 1869 al Paraguay, junto con otras cuatro locomotoras. A las locomotoras que se incorporaban se les daba nombres, como Rauch, Libertad, Indio amigo o una llamada Voy a Chile debido a que un decreto de diciembre de 1868 ordenaba prolongar el ferrocarril hasta la Cordillera de los Andes. Sin embargo nunca llegó a Chile.

El tren estaba compuesto en un principio por 4 vagones para 30 pasajeros cada uno y una entrada central lateral. Eran de 4 ejes, de madera, bastante lujosos en un principio y alumbrados con lámparas de aceite. Los vagones de carga eran 12 y podían llevar hasta 5 t cada uno.

Fuente: Wikipedia
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sábado, 20 de junio de 2015

Ley natural


Un buen día te descubres utilizando el viejo cucharón de madera, porque crees fervientemente que de lo contrario el guiso no saldría como lo hacía ella. Descubres que te encuentras pasado de moda usando un after shave de Old Spice y que ese aroma te transporta a aquellas mañanas de brocha y Gillette cuando él se afeitaba la barba más tarde que de costumbre.
En las mañanas invernales dejas la ventana abierta para que el sol ilumine tu cama, como cada domingo en el que te escabullías dentro de la cama de ellos y ocultabas tus ojos bajo el brazo de quien disfrutaba su día libre leyendo un inmenso diario La Nación que daba sombra hasta a la mesita de desayunar en la cama.
Una lupa redonda con mango de baquelita te retrotrae a las tardes en que sentados en la puerta de casa él leía alguna Life o Selecciones y ella practicaba ganchillo o te hacía un pullover mientras sacrificabas con tu láser solar una a una a las queridas hormigas negras argentinas que seguramente consideraban que eras un Dios vengativo que las castigaba por todo o por nada. Incluso recuerdas el olor del ácido fórmico quemado que te llegaba a las fosas nasales en forma de humo acre, mientras tu otra mano sostenía firmemente un chupetín gigante con todos los colores del arco iris dibujados en azúcar coloreada en espiral.
Abres el cajón de la cómoda y encuentras el último par de medias que te tejió, los pañuelos impolutos de tu padre y la vieja Spica que sólo sigue funcionando cuando pasan algún tango con Troilo al bandoneón y Marino en el canto.
Recuerdas cuando el refugio siempre estaba listo y eran sus brazos. Cuando Superman acudía a salvarte sin haberlo llamado para enfrentarse a profesores abusivos, a jefes intolerantes y a cuanta injusticia quisiera avasallarte. En casa permanecía alerta La Mujer Maravilla esperándote con el lazo de la verdad para descubrir cuando habías fumado o tal vez era el aroma de la ropa que te delataba por sobre la pastilla de menta que no dejabas de chupar de manera inútil y desesperada. Ella era la que te servía tus desayunos en la cama cada día, lavaba tu ropa aunque ya ni siquiera vivías en su casa y llenaba su corazón de orgullo por cada nuevo éxito que lograras y pudiera contar en las largas y aburridas tardes de ruleros, permanente, toca y peluquería.
Un día te percatas que ya no hay nada de eso. Que el nido ha quedado vacío.
De manera ordenada primero te extirparon una mitad y seguiste adelante como un animal herido de un tiro certero en el corazón, por el mismo camino pero con mucho más esfuerzo, arrastrándote como puedes. Luego fue la amputación absoluta y cruenta terminando tus días como hijo de manera abrupta y definitiva. Te despidieron de ese maravilloso cargo sin previo aviso, haciéndote caer por un interminable espiral de culpas y arrepentimiento que los años te enseñaron a manejar.
Te diste cuenta que ya nunca volverías a ser hijo, a encontrar el camino de regreso a donde siempre encontrarías una cama limpia y un plato de comida caliente esperándote, a esconderte bajo el brazo acogedor en una cama iluminada por el sol de la mañana, a quemar hormigas en el frente de tu casa, colear y sacar chispas con el carrito de rulemanes que él mismo te fabricara o andar en bicicleta por donde un día mientras te enseñaba, te soltara dejándote libre a tu confianza. Dejarías de comer tartas sazonadas de amor, desayunos en la cama con azúcar de palabras y a esconder en la menta cristalizada tus vapores de nicotina adherida y fermentada.
Desde ese momento en adelante te reconociste solo. Solo frente a un mundo que recién de viejo comenzaste a comprender de a poco, con el amargo sabor a que ya era tarde.
Y a medida que el tiempo pasa por sobre ti, comienzas a entender aquellas palabras sabias que nunca escuchabas y también los silencios que las enmarcaban. Entiendes tardíamente que las cosas están para ser usadas y las personas para disfrutarlas.
Pero justo, maldita sea la hora, cuando ya te fueron definitivamente arrebatadas.
-Hay que decir las cosas antes de que sea tarde- decían en medio de los conocidos reclamos de - Viejos son los trapos-  acompañado de algún chancletazo, una caricia, un beso o un abrazo. Y uno entiende que tarde significaba muerte. Y que esa bella mujer vestida de negro siempre nos deja con miles de cosas que decir cuando ya no hay tiempo.
De pronto y sin haberlo pensado te viste convertido en el guardián de la cripta
Y desde el frío húmedo que la envuelve, al fin entiendes por qué ni a él ni a ella le interesaban los bienes materiales, las mejoras tecnológicas, los chiches que te mantenían activo y consumista mientras ellos disfrutaban la vida. Ellos sólo los consideraban una carga. Porque si existía algo importante en el mundo, ese eras tu.
Y miras a tu hijo pensando que algún día entenderá lo mismo, que él también será el guardián de tu cripta y que triste y probablemente, sea el mismo día en que también deje de ser hijo para siempre.

Dedicado a ellos dos.

OPin 2015
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jueves, 18 de junio de 2015

Elecciones

http://sainzpinturas.blogspot.com.ar/

Yo la elijo a ella.

Los dos morochos que pasan en la misma moto me miran con ganas de bajarse a pelear. Pongo cara de malo y meto la panza para desafiarlos de la manera más pasivo-agresiva posible. El tipo de atrás asemeja un búho, como la nena de El Exorcista su cabeza parece girar 360 grados para seguir mirándome fijo.

Detrás mío está mi mujer desahogándose con los carteles de los candidatos populistas de turno. Ayer vimos a los militantes una hora antes de la veda electoral cubriendo con sus afiches los de nuestros candidatos. Ahora Silvia toma venganza. Sabe que ganamos y se desquita con los afiches de caras en pose de prócer y PhotoShop que los rejuvenece veinte años. La juventud al poder, según dicen y la experiencia al cementerio.

Silvia ha dejado cien metros de marquesinas de obra en construcción desparramadas sobre la vereda. Dos chicos de no más de seis años la miran como si se tratara de la bruja loca de algún cuento. Mientras tanto mi peor es nada se seca el sudor de la frente y trata de regular su respiración ahora agitada.

-Son unos chorros hijos de puta. Con lo que se afanaron en estos años podríamos haber erradicado la pobreza y creado industrias para que la gente tenga trabajos dignos. Pero no, todo asistencialismo a criterio del presidente. Si quiere te da , si quiere te quita....

-Como decía el abuelo - completo yo- este país se arregla con un paredón de cien kilómetros donde fusilar a todos los políticos corruptos...

-Y todos abogados. - se engancha ella- Sólo quieren ocupar cargos para robar, no para servir. Y se dicen de izquierda...¡por favor! si son más fachos que Mussolini y Hitler juntos.

Mi tesoro es así y así la quiero. Cuando la conocí no hablábamos de películas, ni de la música que nos gustaba , ni de viajes, ni teatro, ni de nada de eso. Hablábamos sobre el terrorismo, la subversión, nuestras vidas bajo los regímenes militares y cómo sobrevivimos a los otros.

Entramos inmediatamente en sintonía. Yo delirando por la centro izquierda y ella separada de un Montonero que la maltrataba. Ambos productos de una fracción de la sociedad que no cree en iluminados ni en líderes paternalistas. Diría que nos terminó uniendo el cansancio y el escepticismo crónico que nos inundaba.

-Los de la moto querían fajarnos...- le digo para que entre en razones.

-Esos dos seguro que viven de planes asistenciales, estoy segura. - continuó sin interpretar mi reclamo de indefensión- Y yo me maté trabajando para que esos dos vivan sin mover un dedo. Dejálos, que vengan, van a ver como les hago un enema de boletas de su partido...-

-Pará Negrita. - traté de calmarla mientras vigilaba que los tipos no volvieran- Mirá que hay países en donde el gobierno te manda gente armada en motos para que te borren del mapa...

-Que vengan- dijo con la cara enrojecida por el odio- Me voy a llevar a uno de ellos aunque sea a mordiscos...

Y no era broma. Es que Silvia es de la época donde con la cultura del trabajo se solucionaban todos los problemas. Nos educaron con la idea de que existiría por siempre una movilidad social basada en el esfuerzo y el estudio. Tanto ella como yo nos la creímos y tratamos de ser buenas personas cumpliendo con el ideal.

Ella llegó desde el campo apenas cumplidos los 16 y con la secundaria completa. La típica niña pobre, inteligente y llena de esperanzas. Dos años del secundario rendidos libres y un padre que la despidió con toda la tristeza del mundo y un único mensaje: - Cuidate mucho. Si no te cuidas vos, nadie podrá ayudarte. - Y es que la pobreza no arma puentes con los poderosos ni puede comprarlos.

Ella llegó a quedarse en la casa de la abuela, allá lejos, cerca de la villa, en pleno gran Buenos Aires. A dos horas de viaje a cualquier lado. Incluso a una facultad controlada por los militares y subvertida por militantes dispuestos a "plantarle" propaganda con tal de hacerla caer en desgracia. Pero Silvia supo ser cuidadosa revisando siempre su cartera antes de pasar por la guardia.

Sin un peso partido por la mitad, fue mesera, promotora y vendedora, mientras continuaba sus estudios en la facultad. Nada de salidas ni diversión. Sabía que si volvía al pueblo terminaría siendo la vieja peluquera que vivía pendiente del cotilleo.
Su madre la soñaba allí. Cerca de ella por siempre.
Ella no.

Sin dinero ni para libros, debía ser la primera en llegar a la biblioteca universitaria para obtener por un día un ejemplar que todos se disputaban. Claro que era a las cuatro de la mañana cuando salía al descampado donde aún dormían la borrachera los vagos que no conocían otra droga, para así conseguir el único  y primer colectivo del día, que la llevaría hasta la estación de aquél  tren sucio y solitario que  la dejaba a diez largas cuadras de las puertas de la universidad.
Perdió peso, juventud, amor y oportunidades, pero se recibió con honores.

Cómo podía explicarle que ya nadie necesita comprar un libro que Internet regala, que nadie estudia a menos que piense abandonar el país y probar suerte donde la meritocracia aún no se encuentre ausente. Cómo explicarle que el mundo no está hecho para los buenos. Que "moral" ya no existe en el vocabulario moderno y "éxito" sólo significa tener más que los demás.

Silvia ha acumulado odio contra aquellos que rompieron las reglas, pero no se siente infeliz. Ha logrado sus objetivos. Y cuando ve a algún inepto que ha llegado al poder para robar lo que aporta el pueblo, simplemente se descarga arrancando su imagen de las paredes .

-Si vuelven esos dos facinerosos, insultales el candidato, hacélos cabrear todo lo que puedas, que cuando dejen la moto para pegarte, se las robo, te alcanzo y nos vamos volando...

Es que a los 73 años, sigue siendo una peleadora.

Por eso la elijo a ella.


OPin 2015
Imagen: Obra de Gabriel Sainz
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martes, 16 de junio de 2015

El Señor X


La mujer detrás del escritorio parecía cansada. Sus lentes clásicos, dignos de otra era, reflejaban los datos que la pantalla gaseosa suministraba en el espacio vacío frente a ella. Un cuadro de Kazimir Malévich en la cúspide del suprematismo hacía las veces de fondo a una lámpara de lava que intentaba otorgar algo de vida a la decoración minimalista del lugar.

-Entienda Sr. Xener que como excepción el Ministerio del Interior ha accedido a esta entrevista personal, pero eso no implica que usted goce de alguna prerrogativa sobre el resto de sus coterráneos. Usted debería haber completado el trámite como todo ciudadano desde su propia casa. No entiendo su necesidad de…

-Quiero hablar con una persona…-respondió Pablo cansado de tanta espera-

-Ve? Eso es lo que no entiendo. Nuestros sistemas informáticos cuentan con la mejor tecnología de interacción humana. Casi al borde de la Inteligencia Artificial. Seguramente usted no ha podido descubrir cuando es atendido por un humano o no.

-Siempre.-

-No le entiendo. ¿Siempre qué?-

-Siempre me atiende una máquina.- dijo Pablo Xener con una nota de tristeza en la voz - Es fácil de saber. Nunca celebran una broma. Uno finalmente se da cuenta que no hay más empleados, excepto usted.-

-No es cierto Sr. Xener. Ve cómo está equivocado? Somos miles de empleados, sólo que no atendemos al público. Sería imposible atenderlos con la misma calidad que con las nuevas tecnologías. Pero por el momento eso no importa. Vayamos al grano. Usted tiene que seleccionar una de las alternativas que el Ministerio pone a su disposición. El plazo es de tres días y usted se ha retrasado…a ver… - dijo mirando un registro de su pantalla- casi , no, exactamente tres meses dos días y cuatro horas con dos minutos y treinta segundos…- lo miró reprendiéndolo por encima del marco de sus lentes -

- Usted no me entiende señorita. No me he retrasado. Me niego a tomar esa decisión. Ustedes ya han avanzado sobre más de lo que estoy dispuesto a entregar. C´est fini,  finito, enough, suficiente...se terminó -dijo sonriendo-

La mujer se acomodó los anteojos y rectificó su posición en el asiento. Estaba tomando conciencia que Pablo sería uno de esos casos problemáticos que le demandaban el mayor esfuerzo.

-Sr Xener... – dijo intentando una sonrisa- Sr. Xener, usted ha sido padre hace exactamente tres meses dos días y cuatro horas con …cinco minutos y aún no ha definido su compañía de seguimiento. Se puede saber cuál es el motivo ?

-No quiero que mi hijo esté sometido a este método…

-Con todo respeto, sus deseos no son relevantes Sr. Xener. Su hijo ya cuenta con el inserto del microchip que las regulaciones determinan. Como usted sabe al momento de cortar su cordón umbilical se hace uso de la incisión para introducir el set genérico de seguimiento personal, y usted aún no lo ha activado.

-Ni pienso hacerlo. Quiero que mi hijo sea libre de elegir su destino. No quiero imponerle nada como tampoco quiero que sea bautizado hasta tanto él no lo decida. Creo que antiguamente se lo llamaba libre albedrío.

La mujer se mantuvo un instante en silencio.

-Aún hoy se lo llama así... aún hoy. Lamentablemente Sr. Xener hace muchos años que se encuentra vigente el sistema de trazabilidad humana y no es optativo, es parte de la Constitución Nacional y asegura la inclusión social y la seguridad interior. Usted como todos cuenta con un único número de documento, el 234.456.895.PEX que se corresponde con sus permisos de trabajo, registro de conductor, clave impositiva, marca de geolocalización, débito y crédito bancario, dirección IP y número telefónico. El sistema ha demostrado ser muy útil con un solo número guía para cualquier requerimiento personal.

-Y mientras el Gran Hermano -dijo con un gesto de entrecomillado- hace de las suyas yo ni siquiera soy Pablo Xener. Me he convertido sólo en un perfil, un elemento de búsqueda codificado en binario. Ya no disfruto ni siquiera de privacidad…Hasta cuando sueño me llegan imágenes de la Red, ofertas de servicios, planes de descuento y llamadas equivocadas. No, no quiero eso para mi hijo.

Pablo se acomodó nerviosamente sobre su asiento como quién se planta en sus convicciones.

-Tenga en cuenta que así hemos erradicado todos los problemas del pasado. El buscador Finder ideado  por el genio de la informática Marcos Bergzücker necesita un único elemento para poder rastrearlo. Cada consulta de datos tiene su ID. Cada viaje o desplazamiento GPS, compra, pago de impuestos, plan de salud, débito y crédito bancario. Podemos saber cómo interactúa y con quién. De esa forma no hay posibilidad de que cometa un delito sin que nos enteremos y si lo hace, no podrá ir muy lejos. Es lo mejor que podía habernos pasado.

-Lo dudo mucho. Hemos creado problemas nuevos.

-Mire Sr Xener, usted está obligado por la ley a optar por una de las tres operadoras que manejan el sistema; Movilstars, Diáfano e Individual. Cualquiera le brindará el servicio a su hijo con esmero y lo mantendrán informado de las nuevas liberaciones de juegos, música on-line y ofertas de telefonía y video…Un minuto por favor-

La mujer tocó el lóbulo de su oreja para atender una llamada entrante. Parecía que la comunicación era deficiente pues trataba de enfocar sus ojos en una imagen de video que Pablo no podía ver pero que viajaba por dentro de la mujer desde su ombligo hasta su nervio ocular.

-No, gracias , no estoy interesada en un plan de salud que incluya recambio de chip y actualización del firmware SIM sin costos…No, está bien. No es nada. Gracias-

Y volvió a tocar su lóbulo para cortar.

-Sabe que estaba hablando con una máquina , no? Que no era necesario ser tan educada? Que la están llamando porque seguramente ayer ha puesto en algún buscador un argumento referido al chip o a operaciones de plan de salud? Incluso sólo puede haber escrito "Plan de Salud" en alguna búsqueda y ya sería suficiente como para localizarla e inundarla de información. Es todo tan automático...

-Si, lo sé- dijo como entendiendo el punto al que Pablo hacía referencia-

-Incluso esta tarde la contactarán para un curso de postgrado para mejorar su interacción con humanos problemáticos. -dijo sonriendo- Nunca falla. Le decía que no quiero eso para mi hijo.

-Lamentablemente su opinión en este caso no es relevante Pablo -dijo ella ex profeso para generar un acercamiento más personal-. Si usted no decide, la ley nos autoriza a asignarle de forma forzosa un abono de por vida con la empresa Movilstars. Claro que su hijo podrá renegociarlo al alcanzar la mayoría de edad…-

-Marta no?.

-Si- respondió ella detectando la ironía

-Mire Marta, todavía estoy pagando las cuentas acumuladas durante el tiempo que he estado sin trabajo ¿y ahora se sumarán las del servicio de mi hijo que ni siquiera habla?. Mientras tanto ustedes podrán vigilarlo, o peor aún, programarlo insertándole conocimientos subliminales orientados al beneficio de este experimento social…no gracias. Simplemente podría usar un electroimán para anular la programación residente en la SIM y terminarían mis problemas.

-Como usted sabe y estoy obligada a recordarle, cualquier daño o pérdida está sancionada por la ley 238884-1 del código penal  e implica incluso condenas a prisión de entre tres y veinte años…

Pablo pareció meditarlo como una posibilidad cierta.

-Cuál es la diferencia? Ya soy un prisionero que le paga al Estado...Al menos en la prisión me desconectarán del servicio y mi familia tendrá un gasto menos. Pero no se preocupe Marta, el mundo es extenso y aún no han logrado la cobertura global. Existen bosques donde los drones no pueden lograr visual, ríos plenos de peces, árboles que entregan sus frutos sin pedir un código de débito y terrenos que aún se encuentran sin ocupar. Creo que tengo aptitudes para vivir fuera del sistema.

A la empleada pareció no agradarle hacia donde se dirigía la conversación. Apoyó sus brazos sobre el escritorio y se inclinó sobre él acortando la distancia que la separaba de Pablo.

-Mire- dijo la mujer bajando un tanto el tono y de manera confidencial, casi susurrándole- usted sabe que no le conviene ir contra la corriente. De la misma manera que nadie le preguntó nada y al momento de nacer usted vio la luz con una cuenta prepaga ya instalada, ahora debe hacer lo mismo con su hijo. No lo está traicionando, lo está incluyendo en la sociedad. Piense que quienes carecen del inserto se convierten en parias sociales y estoy segura que usted no quiere eso para su hijo. Mire, elija una, la más barata y después dedíquele un poco de tiempo a la colocación de filtros. No son económicos, pero son una opción que el gobierno pone a su disposición para que pueda tener algo de control. Manéjese con cuidado. No se meta en más problemas. No vale la pena. Ya todo está dicho y hecho…Recuerde que está siendo grabado.

-Perfecto Marta, -dijo Pablo en voz alta- así podrá escucharme tantas veces como sea necesario hasta entenderme...

Marta sonrió nerviosamente como producto de la sorpresa.

-Lo que no entiendo es para qué solicitó esta audiencia si no está dispuesto a conceder nada...¿Qué resultado esperaba obtener?

-Es estúpidamente simple Marta. Sólo he venido a devolverles lo que es de ustedes... - dijo Pablo mientras depositaba sobre el escritorio tres microchips genéricos con imperceptibles rastros de sangre coagulada- ni perdidos ni dañados, porque ya no podrán encontrarnos nunca más.

La empleada instintivamente activó la alarma oculta bajo su escritorio consciente de que no solucionaría nada porque el único agente de seguridad disponible se encontraba en el contrafrente del edificio, casi a diez minutos del lugar.
Pablo se despidió sin más palabras, con una sonrisa amable y franca, mientras Marta aún congelada por la sorpresa, lo veía caminar lentamente hacia la puerta de cristal que los separaba del hormiguero en el que se convertía la calle en pleno mediodía.
Lo observó a contraluz ya en la calle y de espaldas. Su figura se detuvo tan solo un segundo, como disfrutando el momento. Notó por el leve movimiento de su torax que llenaba profundamente de aire sus pulmones en una gran bocanada, como un buzo que está por sumergirse en el más profundo de los anonimatos.


OPin2015
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lunes, 15 de junio de 2015

Ojo conmigo !


Cacho...Cacho... Negro, despertate...- escuché en medio del sopor de quién emerge de un largo sueño.

-¿Eh? ... que pasa Tana ? ...por qué me depertás? - balbuceé mientras sorbía nuevamente la baba que se me escurría entre los labios.

-Despertate amor. Estás hacendo ruidos y pateando. Me vas a dejar las piernas llenas de moretones-

En algún canal de cable había escuchado que uno de los efectos de despertarse en medio de un sueño es que se lo puede recordar perfectamente. Y era cierto.

-Estaba soñando que había unos ladrones que querían entran por el fondo de esa casa que siempre sueño ¿te acordás?... la gigante con parque y pileta. No la de Temperley. La del quincho con parrilla y horno de barro. Esa. Bueno, yo no podía ver nada porque las puertas que daban al fondo estaban cerradas, pero escuchaba que había alguien del otro lado que quería entrar y para espantarlo, no sé bien por qué, me puse a ladrar...-

Estoy seguro que ella se dio cuenta que fue porque desde chico soy un verdadero macho alfa y no puedo evitarlo.

-Dormite Husky sobrealimentado. Estabas ladrando como si te hubieran robado un hueso. Mañana me contás mejor -

Es posible que todo tenga que ver con Darwin antes de que la barba se le pusiera blanca defendiendo la teoría de la evolución.

Por ejemplo y sin ir más lejos, en la Patagonia Austral existe un tipo de ave que anida en medio del agua, deposita dos huevos que cuando eclosionan inician la batalla por la subsistencia del más apto. La famosa selección natural, que le dicen. Uno de los dos hermanos pondrá todo su esfuerzo en tirar del nido al otro produciendo su muerte por ahogamiento, marcando así su supremacía, optimizando el aprovechamiento del reducido espacio y duplicando el efecto de la ración de comida que los padres acercarán al nido.

Un capo el bicho emplumado.

Yendo un poco más allá, vemos por ejemplo que toda la familia cánida, partiendo del lobo hasta el caniche toy, realizan una única contienda dividida en varias faces. Primero el cachorro aullará por sobre los demás hasta demostrar que su lamento a la Luna es más fuerte y constante, luego orinará cada rincón y sobre sus hermanitos con la finalidad de reclamar el territorio y sus súbditos y finalmente peleará con sus hermanos machos hasta doblegarlos logrando su sumisión total. Cuando logre tenerlos rendidos a sus pies con la panza arriba e indefensa, pondrá su pata sobre ellos declarando su victoria y supremacía, y su derecho a todas las hembras de la manada.

A mí, mi hermano me meaba la ropita.

El desgraciado abría el tercer cajón de la cómoda y regaba mis prendas con su orina. Ositos , pañales de tela, (de la era en que no eran descartables) saquitos, medias...todo. Estoy seguro que en algún momento yo lo oriné a él. No podría ser de otra manera. Cosas de macho dominante, se entiende. Y sin rencor, claro.

La vida silvestre cuenta con muchos ejemplos por el estilo, pero en los humanos este mismo mecanismo persiste mucho más tiempo, en ocasiones toda una vida. Y si a los siete años mi hermano mayor resentía mi presencia como una amenaza a su imperio, él no se conformaría con marcar el territorio con su orina, sino que como esa práctica sólo le traía aparejado el enojo y reprimenda de mis padres, optaría más tarde por el plan del ave patagónica tratando de deshacerse de mí echándome del nido. Ni tonto ni perezoso entendió que la experiencia acumulada indicaba que para permanecer ajeno e inocente a los hechos necesitaba de los servicios de algún sicario que trabajara por caramelos. Y en épocas en que los lápices se usaban hasta su último centímetro, debió esperar cinco largos años de ahorro en glucosa solidificada para que su mejor amigo accediera a llevarme a perder a tan sólo ocho cuadras de casa.

Pero como le he dicho, soy un macho alfa muy pero muy dominante y encontré mi camino de vuelta sin titubeos. Así obligué a que la imaginación de mis contendientes se esforzara mucho más, incluso hasta superar sus propios límites y soñar crédulamente con que podrían alcanzar la victoria en la próxima oportunidad.

Así fue que se esmeraron. Un día un amigo en bicicleta pasaría distraidamente sobre mi panza, otro una pandilla de compañeros me acosaría donde fuera que me encontrara y finalmente sería blanco de una manada de tiradores con rifles de aire comprimido y gomeras recargadas.

El tiempo no pasó en vano y como consecuencia de mi bien ganada supremacía jamás cedí el asiento a una embarazada, me adelanté en la cola a las abuelitas en cada oportunidad que encontraba y le mojé la oreja a cuanto compañero molesto se me cruzara en la escuela.

Siempre alerta, aún ahora noto que cuando mi mujer se acurruca junto a mí en la cama, está tratando de dominarme. La veo abrazándome de lado con su piernita cayendo descuidadamente sobre las mías y me suenan todas las alarmas.  Inmediatamente saco una de mis peludas extremidades y la pongo arriba de la pirámide. Si, ya sé, se vuelve un poco aburrido cuando ninguno de los dos deja de intercambiar la posición de sus piernas, pero de ninguna manera le voy a permitir que logre ese estado de dominación sobre mi persona.

No piense que sólo me la tomo con mis familiares, no crea. Hasta cuando ando por la calle mantengo mi actitud dominante. Me he descubierto haciendo uso de ella cuando un auto llega a una intersección al mismo tiempo que el mío. No importa si viene por la derecha o por la izquierda, inmediatamente clavo los frenos y con tan sólo una seña de mi mano logro que el otro pase primero sin siquiera chistar.

Con los peatones suelo hacer algo parecido, no vaya a ser que piensen que me ablando. Si cuando estoy girando con mi auto en alguna esquina un peatón quiere pasar por la senda peatonal frente a mí, yo simplemente freno y hago un movimiento de cabeza de arriba hacia abajo, como asintiendo, y el peatón sin excepciones, obedece mi orden y pasa rápidamente de una acera a la otra. Bueno, a veces no tan rápido. Pero lo importante es que me obedecen, porque desde la cuna soy un macho alfa y no quiero que lo olviden. Es como una maldición ¿vio?  Como ser lindo.

Todo esto me consume tiempo y esfuerzo, claro. Hasta hacer una visita al mecánico es una tortura. Es que siento que cuando llevo el auto a arreglar tengo que demostrar mi valía por sobre la del hombre de overoll que empapela su oficina con imágenes de mujeres despechadas y lleva las manos permanentemente manchadas de grasa. Recuerdo como si fuera hoy una oportunidad en que le he dejado mi auto por algún ruidito pavo que uno sabe que no es nada y el mecánico me ha traído cuentas por más de 500 dólares.

-No, lo que pasa es que se había roto la fibra óptica que conecta la computadora de abordo con el regulador de baja...

Y aunque mi auto sea un desvencijado Renault 12 de 1986, época en que todavía no las habían inventado, nunca abandono mi posición de líder supremo, y hasta en estos casos demuestro mi poder como proveedor pagando los 500 más una propina de 50, simplemente para que vean lo macho que soy.

En estas cuestiones de hombría no existe mejor prueba de aptitud que ir a la ferretería y que el ferretero me entienda. Que si pincho una goma evite llamar al Automóvil Club y directamente me tire al piso con mi mejor traje y corbata para cambiar el rodado en medio del barro.

Incluso voy a la cancha cada domingo, pero no a la tribuna de mi equipo, no, que va, me voy a la del contrario y encima grito los goles en voz baja.

En este afán de perfeccionarme en lo que a mi naturaleza respecta, adopté como propio el ejemplo de la educación militar. Descubrí que no sólo hay que saber matar de la manera más rápida, también hay que saber cocer, zurcir, doblar la ropa, hacer bien la cama y cocinar más o menos como la gente. Todas cosas que un buen militar aprende antes de saber atarse los borceguies correctamente. Aunque aún me queda pendiente el matar a alguien.

En lo referente al sexo estoy seguro que un macho alfa debe fecundar a todas las féminas de su manada. Lo que, creo que está claro, se reduce a mi mujer. No piense que me está dominando, no, lo que pasa es que somos muy religiosos y mi iglesia tiene otro concepto sobre la cantidad de mujeres que conforman mi harén.

Definitivamente nadie me comprende.

Mis congéneres no captan la idea de lo que implica ser un líder de la manada, vivir de acuerdo a lo que la naturaleza nos encomienda y ser fiel a nuestra propia esencia.

Sin ir más lejos, mi vida se derrumbó el día en el que oriné sistemáticamente cada árbol, pared y rueda de auto circundando la manzana donde se ubica mi casa.

Dicen que la ley impide hacerlo a menos de cien metros de una escuela y que, para mayores males, no se entiende mi necesidad urinario-territorial en un mundo en donde lo importante son las posesiones acreditadas mediante título de propiedad.

Incluso el psiquiatra de la defensa me atribuyó una perversión relacionada con las exhibiciones obscenas, como si se pudiera condenar a cada pichicho que anda por la calle haciendo nudismo.

Por eso ahora me cuido mucho más cuando duermo. Trato de no patear ni ladrar muy fuerte como en casa. Es que justo en la litera de abajo duerme el famoso "Rompehuesos Castro". Él dice que somos novios y yo me niego a contradecirlo. Usted me entiende, de puro macho alfa que soy.

OPin 2015

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martes, 28 de abril de 2015

La mejor medicina


Todo el mundo sabe que hay horarios en que tomar la autopista es una verdadera locura. Sólo una decisión insana o una obligación ineludible nos permite subir la rampa sin saber siquiera cuando ni dónde podremos volver a bajar. Enfundada en su ambo verde pastel, María del Carmen se había visto obligada a soportar esa previsible tortura ubicada en el asiento del acompañante.

-Doctora - dijo por lo bajo Carlos, el chofer  - mire que como van las cosas vamos a tardar unas tres horas hasta el Sor Ludovica de La Plata  y con este coro de ángeles se nos va a hacer mucho más que cuesta arriba...

María del Carmen puso sus manos cubriéndose la cara en un silencioso gesto de pavor que le robó una sonrisa al chofer agotado luego de una jornada completa manejando.

Tras ellos, en la zona de cuidados de la vetusta ambulancia se ubicaban Martín, de tan solo ocho años y su madre que no paraba de llorar ensimismada en su propia angustia.

Entre los sollozos de la mujer y los lamentos de dolor del chico, era probable que terminaran volcando la unidad en un accidente anunciado por la falta de tranquilidad que flotaba en el ambiente.

Curiosamente la experiencia de la médica indicaba que el niño no podía tener el dolor que refería y  supuso que el efecto negativo de la angustia materna era el disparador de tanta queja. Así que decidió pasarse atrás y solicitarle de la mejor manera posible a la devastada madre, que en lugar de continuar con su quejumbrosa letanía, entretuviera al niño con alguna historia que desviara su atención a cosas menos dolorosas que las circunstancias que vivía.

-¿No le puede dar más morfina para que no le duela? -pidió la mujer a sabiendas de que ya se habían alcanzado los límites que la buena práctica indica.

- No madre, me encantaría poder darle algo, pero por ahora no puedo. Cuando lleguemos lo van a volver a evaluar y determinarán cómo seguimos...-

Ante la falta de empatía de la señora, María del Carmen prefirió tomar las riendas y suplantar al pariente desbordado, para lo cual comenzó a contarle a Martín que allí donde ahora se dirigían existía el mayor museo de ciencias naturales del país y que allí también estaban guardados todos los huesos de los dinosaurios que él conocía de haberlos visto en Jurassic Park.

A medida que el relato se enriquecía con algunos detalles, el niño comenzó a interesarse abriendo sus ojos con mayor asombro. Viendo el efecto benefactor de semejante medicina, la doctora comenzó a elaborar y embellecer mucho más el tema. Ella le contó que había un pueblo perdido en medio de la Patagonia, tan perdido que nadie recordaba su nombre, donde habían intentado hacer un pozo para obtener agua, le dijo que los obreros cavaron y cavaron hasta que de pronto encontraron un hueso tan gordo que no podían ni siquiera abrazarlo.

-Un hueso así de grande - le dijo señalando en el aire con los brazos extendidos en su mayor amplitud - que había resultado ser el hueso de la pata del dinosaurio más grande de todo el mundo, incluido los Estados Unidos.

Martín ya no se quejaba de su rodilla inflamada y preguntó si se podía visitar aquel museo del que le hablaba.

-Claro que podés - dijo entusiasmada de haber despertado el interés del niño- Está muy cerca del Hospital y tiene rampas y ascensores para que puedas recorrerlo con la sillita...

Martín miró a la mamá como exigiéndole que planificara ese pequeño viaje turístico, mientras la médica le seguía contando sobre las arañas gigantes del Amazonas, los animales embalsamados del Perú, los árboles petrificados de la Patagonia y los esqueletos de ballenas Australes que se encontraban expuestos allí.

Parecía que los ojos de Martín incluso podían llegar a caérsele de las órbitas, pero María del Carmen estaba cumpliendo la hora 18 de su guardia y ya hacía una que entretenía al chico con sus historias. Pensó entonces que era mejor que él - ya calmado de su dolor mediante la maniobra distractiva - le contara un poco de sus gustos y de todo lo que hacía.

-¿Tenés compu en casa?

-Si. -dijo Martín- Apenas llegue voy a googlear lo del museo...pero ahora me dio hambre...

-¿En serio? Que bien. Eso es un buen síntoma...

-Si- intervino por primera vez la madre- es que está desde la mañana sin comer nada -

-Bueno apenas lleguemos al hospital ¿qué le tenés que decir a la médica?

-Que tengo hambre...

-Exacto.

-A mí me gusta jugar en la compu...

Y con esa simple introducción Martín comenzó a dictar un curso acelerado sobre juegos en línea para médicas neófitas, en donde para él no había ni buenos ni malos, sin importar quién era el que cortaba cabezas y cual el que amputaba las manos. Podía enumerar sin equivocarse que zombie daba puntos y cual no valía la pena. Cientos de carreras de autos en donde los héroes eran quienes pisaban abuelitas sumando más puntos que los policías que los perseguían.
Martín era todo un experto y María del Carmen apenas entendía de lo que le estaba hablando, pero lo más importante era que había olvidado su dolor y ya casi llegaban a la guardia.

-¿A la vuelta me cuenta otra historia Doc?- Dijo el chofer sonriendo mientras entraba la ambulancia de culata.

María del Carmen no pudo evitar hacerle una cara de burla.

-Si doctora - dijo la desganada recepcionista- el médico los está esperando en la sala 13 . Suban al primer piso y a la derecha del ascensor sigan por el pasillo hasta el fondo.

Con el obeso chofer vigilando la ambulancia, María del Carmen y la mamá empujaron la camilla hasta el montacargas y subieron al bendito primer piso, línea de llegada de tan largo viaje.

Apenas salieron del ascensor divisaron una figura oscura que casi ocupaba todo el ancho y alto del pasillo. De hombros fornidos y altura colosal, la figura parecía un ser sacado de alguna historieta del pasado. Cada músculo, pectoral, bíceps o tríceps, estaba perfectamente esculpido en resina poliéster  y oculto dentro de la tela de su  disfraz. Raudamente avanzó hasta ellos flameando su capa negra mientras la misma parecía emitir sonidos de tormentas lejanas. La negra máscara de orejas puntiagudas dejaba ver un par de ojos flameantes y las facciones sonrientes de la parte inferior de la cara lucían recientemente afeitadas. En medio del pecho se observaba la imagen de un murciélago encerrado en un óvalo amarillo y sus guantes negros con púas afiladas parecían emular las patas del mismo animal.

El hombre enfundado en ese pesado disfraz que marcaba sus abdominales de manera exagerada, extendió su mano franca hacia Martín que aún no salía de su asombro.

- Hola amigo ! ¿Cuál es su nombre?-

Martín continuaba mudo por la sorpresa
 
-Le estoy dando la mano amigo. ¿Cómo se llama?

Y Martín con la mandíbula caída por el asombro, alcanzó a sentarse un poco en la camilla y responderle al enmascarado: Martín...Martín Fernández...

-Mucho gusto Martín. ¿Por casualidad tenés hambre?

-Mucha...

-Bueno, llegaste justo campeón. Dale, apurate que en la sala están sirviendo un guiso como para chuparse los dedos hasta los codos.

Y mientras se lo decía sacaba de su cinturón de superhéroe un alfajor de chocolate que le entregó junto con una sonrisa.

Detrás de esa máscara se encontraba algún médico en deshoras, un voluntario de algún club de motoqueros, o algún papá que de esa manera agradecía lo que el hospital había hecho por su crío. Una de esas personas que saben dar amor a quienes más lo necesitan. Seres capaces de salir de su trabajo para ir a alegrarles el día a aquellos que no merecen conocer el sufrimiento antes que la alegría. Un tipo bueno que de chico habría querido que un superhéroe le acariciara la cabeza, le hiciera un mimo o le regalara una sonrisa. En esos momentos de pasillo de hospital no importaba quien fuera en el mundo real, en esos momentos de dulzura era un verdadero superheroe y lo sabía al verse reflejado en cada par de ojitos llenos de alegría.

-Bueno amigo- dijo envolviéndose en su capa- me tengo que ir a hacer justicia, perseguir a los malvados y repartir golosinas...Chau Martín. Ponete bien prontito....

Y así como había llegado, ocupando con toda su estampa el ahora angosto pasillo, siguió a la carrera desplegando y haciendo flamear su negra capa, como si en cualquier momento pudiera elevarse y volar.

-!!Chau Robin ¡¡...- le gritó Martín.

La heroica figura tropezó en su propia risa, como alcanzado por un rayo dentro de la oscura baticueva.


OPin 2015
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miércoles, 8 de abril de 2015

Jueves de trampa


Como todos los jueves colocó las luces intermitentes y detuvo el auto a veinte metros después del inicio de la cuadra, justo frente a la antigua casona de ladrillos a la vista estilo normando. Ella le dio un beso apresurado y se preparó a bajar.

No sabía bien el porqué, pero nunca bajaba inmediatamente. Daba la impresión que a último momento se le desbocaban los pensamientos y que los cuarenta minutos insumidos en viaje habían sido apenas un suspiro insuficiente.

Entrenado por lo repetido del asunto, él simplemente dominó su cansancio con mínimas dosis de hastío poniendo su mente en un estado de alerta latente, manteniéndose atento a cualquier cambio que requiriera de su plena atención o significara algún tipo de emergencia.

Por supuesto sabía de qué se trataba todo eso y recurrió a su usual dosis de paciencia.

Había comenzado el día como todo jueves, lleno de expectativas, nuevas ideas lascivas y juegos a probar entre dos. Lo reiterado de la práctica le había enseñado que una semana era el tiempo apropiado para sumar deseos, lubricar la mente y calentar las hormonas hasta el punto en que su mente ahora relajada le permitiera afrontar todo esto: la consecuencia no deseada.

Notó un cambio en la tonalidad y octava en la que se desarrollaba el discurso de su acompañante y prestó un poco más de atención.

No. Nada importante. Algo sobre el hijo y la escuela. Lo usual. Ella le contaba todos sus problemas, pero como cualquier mujer normal, no pretendía escuchar una genial sugerencia de solución de su parte.

Como cualquier alienista que se precie, retornó a su cara de hombre atento dispuesto a prestar sus oídos a toda mujer en desgracia, pero sin descuidar los filtros que le avisaran de cualquier posible amenaza que debiera ser atendida de urgencia.

Ella entreabrió la puerta del acompañante en una promesa de pronto desenlace final, pero así como la había abierto, la volvió a cerrar.

-¿No te parece ?- le dijo ocupando ese minúsculo lapso de atención que le había generado.

Él sabía que estaba escuchando el final de una frase sumamente importante y que corría el riesgo de perder su credibilidad con una respuesta inapropiada a tan extensa explicación.

-Siempre tomaste la mejor decisión en todo ¿no?- respondió a la espera de un resultado favorable o al menos de algún otro dato que lo encaminara hacia la respuesta correcta.

-Tenés razón. No sé por qué me preocupo tanto. Menos mal que vos me contenés. Sos mi cable a tierra... Sos un amor...- dijo ella sin percatarse de la neutralidad del comentario.

Él trató de apresurar el trámite con una sonrisa.

-¿ No te están esperando ?

-No -respondió ella consultando su reloj pulsera- recién son las siete y el tren llega siete y diez. Todavía tengo tiempo... no te preocupes... tengo cuidado. No puedo llegar antes que el tren - sonrió retribuyéndole.

Y él se puso nuevamente en estado de espera.

Claro que entendía que era parte del trato. Él recibía todo el sexo que ya no le daban y ella la atención que ya no tenía en casa.

Con todas había sido exactamente lo mismo, pero con un trasfondo diferente.

Unas necesitaban un psiquiatra que escuchara lo malo que era el exmarido, otras que no eran comprendidas, las de más allá simplemente sentirse deseadas o, lo más usual, alejarse de los niños y la casa para sentir que la vida todavía les tenía un poco de lujuria reservada.

Él buscaba exactamente lo mismo, pero sin tanta charla y con una mayor proporción de sexo desenfrenado.
Lo que no soportaba era que luego de tantos valles y mesetas, su deseo decayera tanto que esa mujer que estaba a su lado y no se quería bajar, pasara de ser una divertida compañera de juegos a una molestia tan difícil de soportar.

Ella abrió una vez más la puerta y miró los alrededores para confirmar que no había conocidos a la vista.

Ante ese promisorio movimiento él retomó la audición sólo para escuchar un -Vos sabrás lo que vas a hacer- de tono perentorio, y aunque decidió que era necesario preguntar a qué se refería, ya era tarde. Evidentemente, el monólogo había tomado un curso muy diferente del que recordaba.

La puerta se cerró bruscamente y ella comenzó a caminar hacia la próxima esquina.

Él arrancó el auto, quitó las intermitentes y avanzó hasta ponérsele a la par. No quiso bajar el vidrio y preguntarle a qué se refería. Eso pondría al descubierto su juego, su falta de compromiso o ausencia de auténtica preocupación. Simplemente la saludó con un movimiento de mano que el polarizado de la ventanilla impidió se viera desde afuera.

Él aceleró con rumbo hacia su casa, decidido a que mañana la llamaría por teléfono.

Ella dobló en la esquina. Tan sólo le quedaban dos cuadras más para comenzar a preparar la comida.

Y siete días hasta el próximo jueves.


OPin 2015

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sábado, 21 de marzo de 2015

martes, 3 de marzo de 2015

Tortugas mensajeras


-Un cortado americano con una medialuna de manteca ? Dale. A la Mutual.  Bueno... por quién pregunto?....si, Luciana. ok...el muchacho está en diez minutos. Gracias, si bueno, chau... Ah ! ¿con cuánto vas a pagar? si, perfecto... así va con el cambio justo... Dale. Si, en diez. Hasta luego. Chau Chau...-

Mateo había dejado de atender las mesas para quedarse disimuladamente junto al mostrador mientras el encargado del turno levantaba el pedido. Disimulaba sacándole lustre a un porta servilletas de plástico de espaldas a los parroquianos que le hacían señas en vano con las manos en alto, firmando el aire para que pasara a cobrar.

-Che, salame !!!- le gritó sonriendo el encargado- es la minita esa que te gusta a vos. ¿Luciana, no?-

Mateo elaboró un acting de sorpresa que nunca le salía pero iba mejorando con el tiempo y simplemente respondió con un nervioso- yo? quién? No. , para nada...¿Luisana dijiste?...no...no sé de quién me hablás...- que no logró engañar a nadie.

-Te preparo el feca y te vas rapidito para la Mutual así le hacés el levante a la minita. Pero no tardes como la otra vez que se te junta el trabajo, y no te olvides que yo te hice la mano eh? me la tenés que presentar. No sabés las cosas que le voy a contar- soltó junto con una carcajada- Seguro que le interesa esa relación amorosa que tenés con Manuela desde los once años...- y no podía parar de reírse mientras le agregaba un poco más de espuma al café recién cortado.

Mateo comenzó a funcionar en modo oxido nitroso. Cobró la cuenta de tres mesas, sirvió otras dos y luego se quedó esperando que el Tano le preparara ese bendito cortado Americano con una medialuna de manteca.

Luciana, al igual que en todas sus vacaciones de invierno, ayudaba a su madre en las oficinas administrativas de la Mutual, justo en el contrafrente del edificio. Desde el primer día que había pedido su café al bar de la esquina había estado haciendo todo tipo de planes estratégicos en su cabeza.

-Vos sabés que el café de filtro no me gusta ma !!!- Decía cada vez que Carmen , su mamá, le recriminaba entre sonrisas sus reiterados pedidos al bar de la esquina.

-Para mí que es por el muchacho que los trae...-sonreía- La verdad que tiene una sonrisa compradora. Aunque con ese trabajo no parece buen partido.

-Buen partido, buen partido, si no lo quiero para casarme ma. -y con sonrisa pícara preguntaba- ¿Cierto que es lindo?.

-Son los peores bichita. Si por lo menos estudiara.

-Me dijo que el año que viene empieza veterinaria. Eso si pasa el examen, porque ya lo rindió mal una vez...

-¿No te digo ? Puras promesas, Los de ojos celestes son todos así, falsos, tramposos e incumplidores...

-Vos lo decís por papá, pero no me importa. Igual es lindo y la quiero pasar bien, divertirme un ratito. ¿Si no lo hago ahora cuando?

El teléfono interno sonó su melodía de electrónica china y Carmen le avisó a su hija que el muchacho del café estaba esperando en la vigilancia.
Las normas de seguridad en la Mutual impedían la entrada de repartidores o cualquier persona ajena al edificio, así que quién pidiese algo de delivery tenía que bajar y recibirlo personalmente en la planta baja.
Luciana tomó su cartera y escarbó buscando el dinero infructuosamente. Su madre sin siquiera mirarla extendió un billete en el aire que fue rápidamente arrebatado de su mano con un -Gracias, después te lo devuelvo-

- Cuidate, que no te vaya a embarazar con la mirada ! - le gritó la madre con una preocupada sonrisa  mientras el ascensor ya se cerraba -

Cuando Mateo salió con la bandeja vio que la calle Pasteur lucía las mejores luces de una mañana fresca de pleno julio. El tránsito caótico de autos y repartidores no podía eclipsar el sonido de su joven corazón caminando los cuarenta metros que lo separaban de lo que consideraba una cita.

En el camino recordó que la primera vez que la vio había pensado que era tan hermosa que apenas atinó a decirle a boca de jarro una frase robada de alguna película -No es justo ! Tus viejos te hicieron con Photoshop- y mientras el hielo se derretía logró anotarse el primer tanto de la tarde.
Él notaba que había posibilidades ciertas de éxito y que no debía esforzarse demasiado para al menos obtener una salida. Pero gracias a las pequeñas charlas que acumulaban ya cinco cafés y las correspondientes facturas, había averiguado que a ella le gustaba la banda del Indio Solari y él, ni corto ni perezoso, se había gastado parte de la quincena en dos entradas que traía en el bolsillo junto con un chocolate que seguramente le resultaría exquisito.
Es que como decía Casanova, en la conquista, el chocolate es mucho más efectivo que el champagne.

En el ascensor Luciana pegó su chicle en la parte interna de la baranda, desabrochó el botón superior del escote de su saquito y verificó el efecto resultante en el espejo. Humedeció los labios uno contra el otro y peinó sus cejas en un movimiento mecánico que siempre antecedía al de frotarse las mejillas para darles un poco más de color.
Su alergia a la mayoría de los cosméticos había sido una bendición en épocas en las que la belleza natural era bien recibida.
Juntó su larga cabellera sobre un hombro y la enroscó hasta darle la justa forma y vuelo que siempre le había gustado.
Hoy tenía decidido apurar el trámite y lanzar la mayor cantidad de indirectas y generar tantas oportunidades como le fuera posible para que Mateo hiciera su jugada de avance. No quería que el momento se diluyera y lo veía un poco tímido como para lanzarse sin sentirse totalmente seguro de su éxito.
Era consciente de que no tenían mucho tiempo antes de que terminaran sus vacaciones y debiera volver al colegio.

Cuando se abrieron las puertas del ascensor Luciana apenas alcanzó a vislumbrar a Mateo tras el mostrador regalándole una sonrisa franca y enamorada.
Súbitamente tras él una luz cegadora multiplicó la del día y miles de pequeños pedazos sombríos de vidrios y mampostería comenzaron un veloz viaje directo hacia donde se encontraba ella.
A medio camino del nervio óptico entre la papila óptica y los receptores del quiasma, la información de esa imagen se vio interrumpida y se perdió para siempre. Incluso, científicamente hablando, ella nunca llegó a ver la luz ni los pequeños trozos de vidrio y mampostería.
Al mismo tiempo estalló sobre su cabeza el ruido equivalente a un trueno, pero sorpresivamente apenas llegó a recorrer parte del camino que separa el pabellón auricular y la cóclea, destrozando en su camino los tímpanos y perdiéndose para siempre entre los sonidos jamás escuchados.
Esa misma presión del aire había impactado de inmediato sobre su piel desgarrando, lacerando, generando  dolor y una sensación opresiva que inició su camino sensorial en las ramificaciones nerviosas hacia la médula espinal rumbo al cerebro, lugar donde nunca llegaron, por alguna interrupción en el camino o porque el mismo ya no se encontraba disponible para recibirlos.
Simultáneamente el aroma a nitratos de pólvora quemada que inundó el aire atacó rápidamente los cilios de unos veinte millones de células olfativas sensoriales, pero a duras penas alcanzaron a transmitir su mensaje al bulbo olfatorio, dejando en medio de la ignorancia al sistema límbico y al hipotálamo que nunca los reconocieron.
En ese interminable milisegundo la boca de Luciana no pudo reconocer ningún gusto en particular. Tal vez un poco del sabor del chicle recién arrojado, o un dejo terroso que flotaba en el aire alborotado. Sin embargo sus papilas filiformes sí llegaron a sentir el calor que se le colaba en todo el cuerpo y quisieron dar aviso de alarma para ponerse a mejor resguardo. El mensaje fue tan veloz como le fue posible, pero tampoco llegó siquiera al  lóbulo témporoccipital. No hubo suficiente tiempo para recorrer ese largo camino.
Luciana, Mateo y 83 personas más, nunca se enteraron de lo que les pasó.
Para ellos dos el tiempo se detuvo en esa sonrisa enamorada, perpetua si se quiere. Una mirada de amor imperturbable.
Es que Dios nos ha creado intencionalmente con conexiones defectuosas, con neurotransmisores altamente perezosos, holgazanes como tortugas cansadas. Zánganos indolentes, remolones y haraganes. Es gracias a ellos que Luciana y Mateo  nunca llegaron a enterarse que en el mismo momento de estallar la bomba, el tiempo y el amor, se les volvieron eternos.

OPin 2015
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martes, 27 de enero de 2015

La joyería de Gómez


El señor Gómez literalmente cagaba piedras.
No hay otra forma de decirlo.
Un día de enero descubrió casi por casualidad ese don que algún poder superior le había otorgado. Escuchó el golpe seco y contundente contra el enlosado blanco retumbando entre las paredes cubiertas de azulejos  celestes.
En esa primera oportunidad no le otorgó la menor importancia y es posible que haya perdido una pieza geológica cuyo valor como curiosidad podría haber sido relevante.
Pasaron varias semanas, tal vez tres, hasta que escuchara algo similar, pero en aquella oportunidad debido al ángulo de salida del objeto el mismo pareció girar ruidosamente hasta que la fuerza centrífuga fuera lentamente vencida y se encontrara con el reservorio de agua inferior.
Gómez decidió mirar detenidamente y allí en medio de la taza se encontraba una pequeña piedra traslúcida que aún en bruto brillaba como si contara con luminosidad propia.
La sorpresa no fue poca y el señor Gómez, asistido por una preocupada esposa, corrió a la consulta donde un médico cansado de la rutina diaria pareció interesarse en lo extraño de su caso y analizó la piedra con evidente curiosidad.
No, ciertamente no era un cálculo de ningún tipo de material y obviamente no podría haber salido del cuerpo del señor Gómez a menos que lo hubiera ingerido previamente.
Revisado el menú de toda la semana, el matrimonio llegó a la conclusión que nunca habían siquiera probado una piedra de esa calidad.

Amigo- le dijo el profesional de la salud- estoy seguro que este objeto no proviene de su cuerpo. No es de calcio, ni colesterol, ni bilirrubina. Además, se lo aseguro por las pestañas que me he quemado estudiando, casi nunca salen por allí.  Mire, dado que se le acerca el medio siglo y...a ver...si, - revisó rápidamente unos papeles- ya me lo imaginaba, no tiene ningún análisis en los últimos cinco años, le voy a dar una orden para un screening completo. Como para analizarlo más profundamente...

Apenas Gómez escuchó la palabra `profundamente´ revivió sus ocultos temores asociados a la imagen de un  proctólogo aquejado de gigantismo revisando sus tripas. No pudo dejar de notar que su mujer se sonreía como quién saborea una antigua venganza, pero apenas había comenzado a asomarse el rictus en su cara  supo censurarlo de manera extremadamente veloz.
El médico sugirió varios estudios completos, pero el más importante de todos ellos era una resonancia magnética que indicaría sin lugar a dudas la localización de cualquier otra piedra dispuesta a luchar contra ese cuerpo que la oprimía evitando que alcanzara la libertad.

Si bien la señora Gómez solicitó todos los turnos necesarios para cumplir con las ordenes del profesional, el señor Gómez ya había decidido ignorarlas por completo. Claro, a menos que el problema se le complicara y  mostrara algún tipo de gravedad. Él temía que tarde o temprano le dieran una orden para un estudio más invasivo y vergonzante para su masculinidad, y eso no estaba entre las cosas que consentiría mientras la salud lo acompañara.

Con la piedra envuelta entre algodones en un pequeño frasco para análisis, la familia Gómez viajó hasta la calle de los joyeros, en pleno centro comercial, allí donde su hermano apodado El Negro tenía su negocio de joyería desde hacía más de veinte años.

-No hermanito, no hay problema, yo la reviso y te digo. Dónde está esa cosa?- apuró El Negro.- ¿la lavaste no?

Gómez asintió con la cabeza y le acercó el envase

-Si, con alcohol...

El Negro prendió una luz circular que iluminaba su escritorio y con un monóculo apretado entre su arco superciliar y su pómulo derechos examinó la piedra una y otra vez, como si no pudiera aceptar lo que estaba viendo.

-Yo diría que es un VVS1 pero no estoy seguro. Puede que sea mejor.-

El señor Gómez se encogió de hombros y mirando a su hermano con las cejas en alto le dijo

-Y en cristiano negrito?

-En cristiano esto que me traés es un diamante puro sin tallar al que no puedo verle inclusiones y es totalmente transparente. Claro, hay que tallarlo y verificar que internamente no presente alguna que ahora no puedo ver porque no está pulido. Antes que me preguntes, inclusiones son  impurezas, o manchas en el interior...

-Un diamante? Y vale mucho?

-No te lo puedo decir ahora mismo, pero dejámelo que tengo un paisano que talla al mejor estilo suizo a ver que conviene hacer, pero a ojo de buen cubero acá tenés unos 10.000 dólares...

Los Gómez se miraron en silencio. Incluso viajaron a casa en silencio, en el colectivo, en el tren y en el remis hasta la casita en medio de la nada.

También cenaron entre miradas.

Ni una palabra hasta que el señor Gómez le dijo a su señora.

-Me voy al baño a leer un ratito el diario-

Y el ratito duró dos horas.

-Siii !!! Eeesssaaaa !!! Vamos Gómez que usted puede !!! Y dale, y dale, y dale Gómez dale !!. E,O,E...E,O,A,  Si éste no es el Gómez, el Gómez dónde está !!!...

La señora de Gómez no paraba de hinchar por el equipo del marido desde la tribuna del otro lado de la puerta.

Pero nada.

No fue sino dos días después que Gómez volvió a escuchar el delicado sonido del diamante girando sobre la loza blanca.

Y ya eran 20.000 dólares.

Pronto el simple hecho de concurrir al servicio se había convertido en una expedición a las minas de diamantes africanas. Gómez se llevaba su diario o el último libro junto con un par de pinzas largas. Pasaba horas tratando de comprender el proceso para poder ir optimizandolo y así mejorar el estado financiero del grupo familiar.
Su esposa lo esperaba ansiosa del otro lado de la puerta ya sin cantar arengas y Gómez lo intentaba con una pierna estirada, la nalga derecha alzada, tirado hacia adelante, hacia atrás, conteniendo la respiración, respirando profundo, levantando la otra pata o apretando las nalgas. Todo parecía dar igual hasta que un día Gómez notó que las piedras elaboradas comenzaban a tener otras características:

Venían facetadas.

Los primeros y más simples diseños fueron los facetados en talla 8/8. Gómez notó que si levantaba la ceja izquierda mientras cruzaba los dedos pulgar e índice del pie derecho y sostenía su testículo izquierdo con la mano derecha, las piedras aparecían en un 90% de las veces con éste diseño en particular.
Sólo varias semanas después , víctima del aburrimiento postural logró conseguir uno de talla Marquise, mucho más elaborado y complejo, para el cual sólo debía sostenerse sobre sus piernas impidiendo que sus nalgas tocaran el asiento de su inmaculado trono, pero con el dedo índice metido en el pabellón de la oreja izquierda. Para que el facetado fuera perfecto debía mantenerse en esa posición por tan solo treinta minutos. En caso de cansancio descubrió que podía sentarse con una pierna en alto mientras intentaba tocar la punta de su pie con la otra mano y alternaba un pulgar metido en sus fosas nasales. En este caso conseguía que los diamantes fueran de talla Cushion.
Cualquier otro intento resultaba en una piedra en bruto que debían llevar al joyero paisano que conocía El Negro para ponerla en valor después de tallarla.

-Podrías ser menos egoísta no? - le dijo un día su mujer - Siempre pensando en vos mismo y en hacer el mínimo esfuerzo. Si te preocuparas por nosotros al menos intentarías sacarlas con algún engarce. ¡ Pero no ! al señor no le importa nada ni nadie que no sea él mismo y claro, se conforma con esos facetados de mierda...Nunca un Baguette o un Princesa..noooo que vaaaa, el señor prefiere hacer siempre lo mismo.

El señor Gómez aceptaba estoicamente los reclamos y como era consciente que tampoco había sido muy bueno para las finanzas, la administración del dinero producido había recaído mágicamente sobre su esposa.

Pero una cosa es administrar la pobreza y otra muy diferente la riqueza.

Cualquiera habría pensado en ocultar los ingresos invirtiéndolos en un lavadero de autos, un hotel que alquilara habitaciones a clientes fantasma o cualquier otra actividad de las que usaría un político normalmente para ocultar su dinero mal habido. Pero no, la señora Gómez compró una nueva casa dentro de un barrio exclusivo, un automóvil de alta gama y nombre germánico y más, y más deudas que alguien tarde o temprano debería pagar.

El tema era que la señora Gómez ya se había puesto práctica con la tarjeta y estaba manteniéndo en rojo muchas de ellas mientras su marido se esforzaba geológicamente. Financiaba la deuda de una  con la otra y lo producido en el pequeño baño finalmente apenas lograba alcanzar para cubrir los gastos por intereses de todo lo adquirido.

Claro que para no romper la mística del proceso creador, el señor Gómez debió quedarse a vivir en la pequeña casita donde el baño le era confortable y eficaz.

Los ricos lo saben desde la cuna, pero los pobres se desayunan tarde.
Nunca, pero nunca jamás hagas ostentación de tus bienes.
Llama la atención de los recaudadores de impuestos.

Pronto todas las áreas gubernamentales dedicadas a la cobranza tributaria estaban investigando el origen del dinero de la familia Gómez. Revisaron si estaba en el contrabando de diamantes, si tenía contactos con la mafia rusa, o si era amigo de algún político. Incluso se lo investigó por lavado de dinero del narcotráfico. No había forma de que justificaran lo obtenido, pero tampoco que pudieran implicarlo en un delito. Él se mantuvo en sus trece y aseguró a quién quisiera escucharlo que eran piedras que había encontrado en los caminos comunales y de montaña a pocos kilómetros de su casa.

Finalmente la paciencia estatal tocó fondo y terminaron multándolo, le cancelaron todas sus cuentas bancarias, bloquearon su Clave Única de Identificación Tributaria  y le armaron una forma de pago que, para poder ser cumplida, obligaba al señor Gómez a producir un mínimo de dos diamantes diarios.

Pronto Gómez descubrió que el estrés le producía estreñimiento.
Y no produjo más dinero.

Su esposa lejos de asumir cualquier responsabilidad en el desastroso desenlace, presentó una demanda de divorcio que prosperó de manera express y que debido al embargo y posterior remate de los bienes la dejó apenas con lo mismo que tenía antes de la primera piedra.

Menos, si contamos que perdió un marido.

Lejos de desmoronarse, el señor Gómez retomó su anterior actividad realizando reparaciones puerta a puerta.
Pronto fue feliz nuevamente sin olvidar aquello que había aprendido de los errores del pasado. Encontró una pareja con conocimientos de economía hogareña, un hermoso cuerpo haciéndole juego que no economizaba para nada.
Pasaron cinco años y llegaron dos hijos.
El señor Gómez no pedía nada más que lo que tenía.

Pensaba justamente en eso mientras leía el diario en su nuevo trono cuando un sonido conocido pero levemente alterado le llamó súbitamente la atención.
Algo que giraba y giraba recorriendo el enlozado en círculos hasta chapotear haciendo cabrilla en el agua del reservorio de la parte baja del retrete.
El señor Gómez sintió un pequeño escalofrío.
Allí en medio de la taza se podía observar inmaculada una piedrita dorada .

Sin pensarlo mucho apretó el botón del escusado y se fue a jugar con sus hijos.
Estaba seguro de haber reconocido una pepita y lo primero que se le ocurrió en ese instante era que no tenía tiempo ni ganas de fabricar algún elaborado modelo de lujosa e intrincada orfebrería.


OPin 2015

Publicado por O Pin

miércoles, 31 de diciembre de 2014

El suicidio del señor Pacheco


Octavio Pacheco quería suicidarse.
Había notado que para él su existencia carecía totalmente de sentido. Nadie dependía de sus magros ingresos ni escuchaba los consejos emanados de su extensa experiencia, los hijos se habían llevado a los nietos al extranjero, su señora se le había adelantado en el viaje final y los achaques de la vejez  lo estaban teniendo a mal traer. Sumando todas esas simples y mundanas razones había decidido quitarse la vida a sabiendas que difícilmente a alguien le importaría un comino.
El problema era cómo hacerlo.
Octavio nunca había tenido armas, ni de caza ni de bolsillo. Le habían dicho que a las mismas las carga el Diablo y las descargan los boludos, así que prefirió mantenerse lejos de semejantes bipolaridades del susodicho poder demoníaco. Su padre lo había preparado de pequeño para sentir ese rechazo. Aún cuando apenas utilizando todas sus fuerzas podía activar el gatillo, su progenitor le había entregado un revólver descargado y desafiado a disparar cuanto quisiera. Ese simple acto de infructuoso esfuerzo le quitó toda el aura mágica que le habían inculcado en las series de cowboys o de guerreros de la Segunda Guerra Mundial. Ni siquiera le quedaron ganas de contar con armas de aire comprimido, o gomeras que mataran a pequeños animalitos.
Era la aplicación práctica del poder psicológico de toda frustración inicial.
Ahora que pensaba necesitarlas no tenía ni el dinero ni el apto médico que le permitiera acceder a ellas de manera legal. Ni siquiera quería pensar en comprarlas en el mercado negro, no fuera que después de muerto lo acusaran de algún delito y no pudiera asistir a defenderse en su propio juicio.
Pensó que en su defecto las pastillas podían llegar a ser una buena alternativa. Una sobredosis de tranquilizantes y una bolsa de polietileno del mercadito chino de la vuelta en la cabeza, lograrían que el profundo sueño inducido por los medicamentos se convirtiera en algo más permanente aromatizado por efluvios provenientes del sector de lácteos y embutidos.
Conseguir los tranquilizantes sin receta ya sería otro problema y considerando la falta de sueño que lo perseguía desde que había quedado con media cama vacía, el médico seguramente se los recetaría sin ningún miramiento, aunque ese método tampoco le resultaba potencialmente efectivo, e irónicamente, le dejaba una clara sensación de intranquilidad.
Evaluando otras alternativas recordó que cuando joven había visto a un paciente fugado de un hospital neuropsiquiátrico colocar su cuello sobre uno de los rieles del más lento tren de carga que había encontrado, justo a tiempo como para que su cabeza se separara limpiamente del resto de su anatomía sin llegar a ir muy lejos. Si bien lo había logrado con total éxito, a Octavio no le había gustado que el cuerpo permaneciera más de veinte horas al calor de la tarde como espectáculo público y a la espera que el juez de turno actuara liberando para el paso de ulteriores formaciones esa zona definida como territorio federal. Todos los chicos del barrio se habían acercado al lugar eludiendo a la policía, con el único fin de destapar por un instante la cabeza separada del resto de su humanidad y observar la expresión final de aquella cara parcialmente desfigurada. La expresión de asombro de quién está observando muy de cerca la nada y descubre que en realidad nada le importa.
Claro que arrojarse desde la terraza de su edificio era otra posibilidad muy barata que también tenía totalmente evaluada. 
Ya había observado que dicha experiencia podía ser igualmente traumatizante para niños y adultos, ya que el cuerpo hubiera caído sobre algún auto, transeúnte o no, permanecería a la vista de todos con su anatomía groseramente adulterada a la espera de que alguien descubriera el motivo de la decisión tan precipitada de precipitarse precipitadamente al vacío. Los vecinos hablarían de que su hijo lo había abandonado, que no le alcanzaba la plata o de que no quería molestar más a los demás y daba la vida por terminada. 
Y a Octavio no le gustaban los chismes para nada.
Por una razón similar desestimó la posibilidad de colgarse en su propia casa. Había escuchado que ahora era el método de suicidio más tergiversado. Escuchó que los jóvenes practican el ahorcamiento como un potenciador de la autosatisfacción sexual y en muchas ocasiones se les va la mano y terminan muriendo. No fuera cosa que le encontraran alguna de sus viejas pastillas de Viagra ocultas en el segundo cajón del aparador.
Por lo tanto lo mejor que se le ocurría era irse a un descampado relativamente lejano y colgarse de algún árbol medianamente escalable para alguien de su edad, porque tirarse con una soga al cuello desde cualquier otro sitio razonablemente alto podría culminar con una exposición pública que él preferiría haber evitado.
O sea que lo único que le quedaba era colgarse de algún bonsai.
Claro que la efectividad del método lo tenía seriamente preocupado. ¿Se ahogaría lentamente o se arrojaría desde una mediana altura para así quebrarse el cuello ? Lo estaba meditando hacía mucho rato y aquello que lo detenía era que mediante el primer método había posibilidad de arrepentimiento mientras que con la segunda no y no sabía si era mejor que esa posibilidad existiera o todo fuera inevitable.
Él era lo que se llama un suicida teórico muy estructurado.
El envenenamiento estaba totalmente fuera de discusión. Si bien había escuchado más de una vez que las esposas resentidas agregaban pequeñas dosis de veneno en la comida de sus maridos sin que ellos se dieran cuenta hasta lograr su internación y posterior fallecimiento, le parecía que el método era más eficiente si era administrado por otra persona. Le resultaba apropiado para un asesinato pero no para su propio suicidio. Además sabía que era una muerte sumamente dolorosa, se lo había leído en los ojos a una rata hacía muchos años y el dolor no estaba en su larga lista de prioridades.
Había pensado también en irse nadando hacia el ocaso cual una poetisa argentina sin depilar, pero como no sabía nadar era posible que fuera mal interpretado y alguien calificara una decisión tan meditada y cerebral como un mero accidente.
Pero no todo estaba perdido, en sus febriles horas de insomnio Octavio diseñó un sistema sumamente complicado pero a la vez sencillo. Había imaginado contar con un arma, muchos metros de soga, una terraza y litros y litros de algún combustible de alto octanaje, preferiblemente libre de plomo para no contaminar.
Subiría a su terraza, porque tenía llave, ataría la soga en la más fuerte de las cañerías allí instaladas, se bañaría en combustible de pies a cabeza sin salpicar la ropa colgada, ataría el nudo de ahorcado alrededor de su garganta y se pararía en la cornisa del contrafrente del edificio para mayor privacidad. Con el arma en la mano juntaría coraje y se dispararía en la boca asegurando el ángulo necesario para que la bala le atravesara los pensamientos. Octavio esperaba que la misma explosión de la pólvora iniciara la ignición del combustible, asegurando un segundo método por si le fallaba el pulso o su cerebro esquivaba la bala. Como consecuencia de ambos efectos, el disparo y el fuego, perdería el equilibrio cosa que inevitablemente lo llevaría hacia donde se encontraba todo el peso de la cuerda atada a su cuello. Por las dudas había pensado ayudar un poco al trámite inclinándose hacia el vacío antes de disparar el arma. 
En la caída no podría mirar lo que ocurría en las ventanas de cada piso, pero había calculado que el final de la soga coincidiera con una pared donde no hubiera ventanas desde donde grandes y chicos pudieran observar su humanidad calcinada. Porque no hay que olvidar que Octavio había supuesto que se mantendría un buen rato encendido en llamas.
Al finalizar el recorrido de la cuerda el golpe seco de la llegada separaría sus vertebras hasta destruir su médula espinal, cosa que aseguraría por tercera vez su muerte. No contento con ésto el nudo del ahorcado le quitaría cualquier posibilidad de conseguir un poco de aire. 
Mientras tanto la soga seguiría siendo consumida por el fuego un rato más, pues Octavio tenía previsto que más tarde la soga se cortara completando la caída de los pisos restantes, corrigiendo así cualquier fallo que los procesos anteriores hubieran podido llegar a tener.
No hay que olvidar que Octavio estaba decidido a suicidarse porque nadie se acordaba de él, porque llegaban las Fiestas y se encontraba solo, porque los hijos se habían ido lejos llevándose a los nietos con los que jamás volvería a jugar .
Su planificación excesiva y dudas se fundaban en que para él el fracaso no era una opción aceptable. Nada le resultaba más vergonzoso que un suicida sin éxito. Alguien que quiere matarse por una vida de fracasos, pero que no logra el objetivo por más que le ponga empeño.
Él tenía la soga, tenía la terraza, tenía el combustible (sin plomo) y un encendedor de cocina de color rosa en lugar del arma.
Haría que todo fuera posible.
Dentro de su apartamento el teléfono sonó y sonó. Era su hijo que quería avisarle de un pasaje a su nombre que debía retirar de una agencia de turismo local. Quería darle la sorpresa de que ya contaba con un apartamento reservado para él allá, en aquél lejano país donde se encontraban. Avisarle que no se preocupara por nada, que la vivienda estaba cerca de la casa  y que los nietos lo esperaban con ansias.
Octavio lo dejó sonar un rato largo antes de atender. 
Era Navidad y estaba pensando que quería suicidarse porque nadie lo llamaba.

OPin - 25-12-2014

Pintura de  Zdzisław Beksinski
Publicado por O Pin

 

 

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